Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
SEP 11 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Ocurrencia

Sería ridículo… si no fuera patético.

La ocurrencia de colgar sobre el círculo central de la cancha del Estadio Jalisco una voluminosa estramancia en la que se colocarían pantallas de televisión —para fines publicitarios, principalmente—, sin asegurarse de hacerlo a la altura adecuada para que no se convirtiera en un estorbo visual para los espectadores y un obstáculo para el balón, se inscribe, por derecho propio, en el género de los disparates y en la especie de los escandalosos.

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No es la primera pifia de ese calibre que se perpetra en el mismo inmueble. Ya alguna vez, cuando se instaló una “tirolesa” para cruzar la cancha de lado a lado, parte del artefacto se desplomó e hirió de cierta gravedad a una persona.

Esta vez, la torpeza —amén de la premura— con que se hicieron las cosas ocasionó lo que consta en actas: la suspensión del partido Atlas-Tigres; la justa irritación y los posibles perjuicios económicos de los aficionados (podrá reintegrárseles el costo del boleto, pero difícilmente gastos como los que hicieron quienes viajaron desde Monterrey, por ejemplo) y de los “Tigres”; las multas que la autoridad decida aplicar… y algo pocas veces visto en México: la clausura del estadio.

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En el aspecto deportivo, es posible que la anuencia de los Tigres a aplazar la fecha del partido, pese a la ilegalidad que implica, exima al Atlas de las consecuencias previstas en el Art. 66 del Reglamento de la Federación Mexicana de Futbol: la derrota —en la mesa— por 3-0 y la multa por mil días de salario mínimo, considerando que el incidente obedeció a una torpeza mayúscula del “proveedor” (“el indio”) y a una imprevisión escandalosa de los dirigentes del Atlas (“los que lo hicieron compadre”)… pero no a causa alguna “de fuerza mayor” que hubiera ocasionado la suspensión del juego.

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Por contrapartida, el Guadalajara dio motivos, esta vez, para compensar esa barrabasada con una nota amable: su victoria —la primera de la campaña— en Pachuca.

Ese resultado reanima las esperanzas, un tanto lacias, de que las Chivas obsequien a sus legiones de simpatizantes el espectáculo de la reacción que les permita recuperar el protagonismo que les negaron los pobres resultados coleccionados en las primeras siete jornadas del certamen… Y después,  idealmente aspirar a un bicampeonato que, sin ser imposible, en términos de lógica se antoja —aquí entre nos…— improbable.

Jaime García Elías

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