Guadalajara, Jalisco

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Diego Petersen
SEP 6 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Paradojas de la política

Paradojas de la política: cada administración, sea la federal, estatales o municipales, dice que ha hecho mucho más que sus antecesores. Las frases se recrean y se reinventan con el mismo sentido: dos veces más que la administración anterior, un esfuerzo inédito, un ejercicio sin precedentes, un cambio histórico. La paradoja estriba en que cada gobierno es, desde su muy particular y egocéntrico punto de vista, mejor que todos los anteriores pero el país, el Estado y el municipio consideran que estamos peor.

Aquí solo hay de dos sopas: o los ciudadanos no nos damos cuenta de los cambios y vivimos eternamente pichicateando los logros de los esforzados e incomprendidos políticos o los políticos viven en una realidad distinta donde todo es mejor, aunque esté peor.

No hay que desestimar la primera opción: a los ciudadanos en general nos cuesta mucho reconocer que algo está mejor, sea porque no lo vemos, sea porque no lo queremos reconocer. La eterna nostalgia de todo pasado fue mejor implica una incapacidad para ver y entender el mundo. ¿Era mejor el país de los años setenta que el actual? Por supuesto que no. Hubo gente que fue muy feliz en aquellos años, pero eso no significa que el país haya sido mejor. Quizá se pueda decir que ellos estaban mejor, y quizá la explicación es que estaban jóvenes y ya no lo están. La nostalgia es sin duda un elemento central para explicar esta visión. Pero también es cierto que hay nuevos problemas. Yo no cambiaría por nada la Guadalajara de hoy por la de ayer. Aunque hay un motón de nuevos problemas asociados al crecimiento, la ciudad de hoy es infinitamente mejor porque tiene más, mejores y más variados ciudadanos.

Pero los políticos tienen un problema mucho más grave, y es pensar que el mundo comenzó con ellos y que “su legado” (lo pongo así entre comillas porque me parece de una soberbia insoportable) es lo más importante. La pavimentación histórica de Alfaro no es ni la más importante ni tampoco, como hemos visto, la mejor hecha; la inédita fiscalía especializada en desaparición de personas del gobernador Aristóteles Sandoval lo es porque antes no se necesitaba; la inversión sin precedentes del Gobierno federal obedece a que cada sexenio aumenta el presupuesto. De los políticos que no hablan es, por ejemplo, del autismo “histórico” del gobierno municipal, de las “inéditas” desapariciones en Jalisco o de la corrupción “sin precedente” de la actual administración federal.

Pero la paradoja mayor es que odiamos a los políticos, pero los necesitamos, no podemos vivir sin ellos.

Diego Petersen

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