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Diego Petersen
SEP 5 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Ferraris, multas y ética pública

Dos casos de abuso: Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad descubrió que un buen número de autos de lujo que circulan en la Ciudad de México, entre ellos el Ferrari del señor procurador, los domicilian en privadas abandonadas de Cuernavaca para no pagar el impuesto a la tenencia del vehículo. En EL INFORMADOR de ayer nos enteramos que los funcionarios municipales, de estas administraciones y otras anteriores, deben la friolera de siete mil fotomultas. El plan del Ayuntamiento de Guadalajara no podía ser más inteligente. Cito textual: “Como el Gobierno actual no tiene dinero para liquidarlas, el plan es tramitar su prescripción”. Genial.

El señor procurador, el mismo que quiere convertirse en el primer fiscal del país, puede alegar que lo único que hizo fue aprovechar una ventaja que da registrar el auto en otro domicilio. Vamos a obviar el espíritu de la ley, es decir que si eres automovilista en la Ciudad de México y usas las calles e infraestructura de la ciudad, tu deber como ciudadano es contribuir a través del pago de la tenencia a la conservación de esa infraestructura, porque ese nivel de conciencia moral es demasiado pedir para un funcionario que merece abundancia. Lo grave es que para hacerlo el hoy procurador, entonces senador, tuvo que mentir: obtuvo una constancia de domicilio falsa para evadir impuestos. Hay una falsedad premeditada y un acto de trámite de un documento falso con el fin de obtener un beneficio. Viva la legalidad.

Las fotomultas de los funcionarios tienen otros ingredientes. Como los señores usan autos propiedad de los ayuntamientos, saben perfectamente que la Secretaría de Finanzas no los va a retirar de la circulación, pues se requieren para prestar servicios públicos indispensables. No hay pues una capacidad de coacción como la tendrían con cualquiera de nosotros. En la práctica lo que tenemos es una casta divina de funcionarios que no están obligados a cumplir la ley, con licencia tácita para andar a alta velocidad y pasarse los altos.

El verdadero riesgo es que veamos esto como normal. Que consideremos que evadir el pago de la tenencia mintiendo es astucia legal y no, como lo es, un acto que atenta contra todos los ciudadanos. Que pensemos que los ayuntamientos no deben pagar las fotomultas porque a fin de cuentas es dinero que pasa de una bolsa a otra.

Reconstruir la ética pública pasa por exigir que todos los políticos y funcionarios, pero también a todos los ciudadanos, que cumplamos con nuestras obligaciones, desde la más pequeña, que es respetar los reglamentos de vialidad y convivencia vecinal, hasta el pago de impuestos y derechos.

P.D. Señor procurador, la neta, la neta, si no le alcanza para la tenencia no se compre un Ferrari. Si lo que no le alcanza es la moral, no se postule para fiscal.

Diego Petersen

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