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Jaime García Elías
SEP 4 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Testamento espiritual

El quinto Informe de Gobierno del Presidente de la República, en México, es, en la práctica, una especie de testamento espiritual. El sexto y último, que sería el de la despedida, apenas si consigue reflectores; algo completamente lógico y natural, si se considera que para el primero de septiembre de 2018, las notas dominantes, en materia política, serán las expectativas relacionadas con la administración que comenzará su ejercicio unas semanas después; las promesas de campaña, de las que se harán prolijas recopilaciones; las ponderaciones acerca de los rezagos históricos en materia de seguridad, salud, educación y combate a la delincuencia que será imperativo tratar de revertir; los factores externos que deberán enfrentarse: los relacionados con la geopolítica y la economía global; los remanentes del huracán Donald que en esa materia sigan vigentes en capítulos como el comercio y la migración; los avances en la construcción del muro fronterizo y su eficacia para contrarrestar los efectos nocivos —desde la perspectiva de Mr. Trump— de la hasta ahora incontenible migración de indeseables…

-II-

El Presidente Peña Nieto, en esa tesitura, aprovechó la ceremonia complementaria de la presentación del quinto Informe de Gobierno, para presentar, ante un auditorio a modo, a prueba de las interpelaciones, insolencias y majaderías que se habían institucionalizado, una apretada síntesis de los logros de su administración: la disminución del número de mexicanos que viven en situaciones de pobreza y de pobreza extrema; las bases que las reformas (educativa, energética y administrativa) a las que orientó sus mayores afanes, han sentado para seguir construyendo en esos aspectos; los progresos alcanzados en materia económica, y que le permitieron proponer a sus invitados especiales —cuyo aplauso, obviamente espontáneo y caluroso, fue prueba irrefutable, inequívoca y fehaciente de su anuencia plena— y a quienes siguieron a la distancia su mensaje, la conclusión de que, aunque “no hemos alcanzado los niveles de desarrollo y bienestar que deseamos (…), México está mejor que hace cinco años”.

-III-

Los bajos niveles de aceptación que los ciudadanos otorgan a la administración saliente son, ante todo, signos de los tiempos. La alternancia en el poder sirvió para demostrar que, contra la convicción que nuestros ancestros nos habían imbuido, de que no habría poder humano que nos librara de los gobiernos “emanados del partido cuyos principios fueron inspirados por los preceptos que hicieron posible la Revolución Mexicana”, los gobiernos, como los rastrillos, son desechables, y que es válido criticarlos, lo mismo a base de argumentos serios que de falacias: algo que los medios de comunicación —tanto los tradicionales como los postmodernos, a los que la gran mayoría de la población tiene acceso— demuestran a cada instante y momento.

Jaime García Elías

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