Guadalajara, Jalisco

Martes, 26 de Septiembre de 2017

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Rubén Martín
AGO 26 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Ratificación de mandato: aspirina para la crisis liberal

Es tan profunda la descomposición del sistema político de democracia liberal representativa, tan extendido el hartazgo de la sociedad frente a sus actores (gobiernos, clase política, partidos) y sus procedimientos (campañas, elecciones, administraciones públicas) que cualquier ligera modificación a este cuestionado sistema, parece una mejoría, parece un gran avance.

Así están vendiendo los políticos de Movimiento Ciudadano el ejercicio de ratificación de mandato al que se someterán los presidentes de 25 municipios gobernados por este partido en Jalisco. La ratificación de mandato “se trata de un ejercicio que empoderamiento ciudadano, incentiva la participación ciudadana, combate a la corrupción y condiciona a los funcionarios públicos a trabajar correctamente, ya que su permanencia en el cargo no está garantizada”, según el diputado federal de MC Jorge Álvarez Máynez. Según los promotores de este ejercicio, la ratificación de mandato amplía los derechos de participación de los ciudadanos.

En tanto, los detractores de este ejercicio (principalmente políticos del Partido Revolucionario Institucional, PRI) lo cuestionan porque no es una figura constitucional, y por considerar que simple y llanamente se trata de un ejercicio que sirve de promoción de la figura de los alcaldes de MC, especialmente del presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez. La del PRI es una crítica incongruente, por la falta de autoridad moral de este partido para cuestionar formas ampliadas de la democracia representativa; el PRI es el partido que más a actuado en contra de la democracia en este país.

Más allá de las posibles manipulaciones que puedan desplegarse durante el ejercicio de ratificación de mandato (acuerdos entre partidos y grupos políticos para alterar la votación en un sentido; dejarse perder en un municipio para dar “legitimidad” al ejercicio), creo que la figura es impulsada en dos sentidos: por un grupo de ciudadanos que de justificadamente y de buena fe buscan ampliar las formas de participación política tan limitadas en el actual sistema político; el otro sentido es el que empujan los líderes políticos de MC que no buscan una democracia más amplia, sino una base electoral más ancha, y una proyección personal de aspirantes a otros puestos de poder. Y tal como está el escenario, se impondrá la segunda tendencia. Una manipulación de la participación de miles de personas para empujar una opción que aparecerá en la boleta electoral.

Pero al final, ambas tendencias consiguen un resultado semejante en cuanto al uso de esta figura: dotar de cierta legitimidad al actual sistema político de democracia liberal. Se trata de vender este ejercicio como un gran cambio político, cuando no es sino una aspirina en un cuerpo moribundo.

Por más que la propaganda liberal defienda al sistema liberal como uno democrático, lo que tenemos es un sistema de mando y obediencia en el que una minoría de representantes toma decisiones por la mayoría. Y eso no es democracia, al menos en un sentido profundo y horizontal. Para salir de la dominación política liberal necesitamos imaginar otras formas políticas realmente radicales, y no parches y aspirinas para tratar de resucitar a este cuerpo político en descomposición.

Rubén Martín

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