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Diego Petersen
AGO 16 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Sincretismo en Federalismo

Que me perdonen los haters, esos que, muchas veces con razón, se quejan de todo, detestan todo y solo están de acuerdo con ellos mismos. Que me perdonen (o no, la verdad no me importa nada), pero la escultura Sincretismo de Ismael Vargas, la que el Gobierno de Guadalajara colocó el lunes en Federalismo Norte, no solo me gustó, me gustó mucho y me parece bien resuelta en todos sus aspectos. Me gusta el tema, es auténtica, de buena factura y hasta el emplazamiento me parece un acierto. Voy a tratar de poner contenido a los adjetivos para que no quede solo en una discusión de me gusta o no me gusta.

La escultura, espero no minimizarla con la descripción, es una representación de la Virgen de Guadalupe en sincretismo con Coatlicue (serpiente con falda), también conocida como Tonatzin (madre venerada), la antigua reina del Tepeyac. La escultura está compuesta por cuatro hojas iguales que al enfrentarse, como en un juego de espejos, generan la imagen de la virgen de Guadalupe rodeada por los símbolos de Coatlicue: las dos cabezas de serpiente y el cráneo en el vientre.

Confieso que soy un admirador de la obra de Ismael Vargas, me gusta lo que hace y cómo lo hace. La esencia de la obra de Ismael es la repetición y la creación de figuras a partir de elementos autóctonos. En alguna entrevista hace algunos años (les debo la referencia) Vargas dijo que su gran inspiración habían sido los puestos el mercado de San Juan de Dios, esos montones de elementos repetidos que puestos en el espacio generan una unidad distinta. Esta escultura, además de la repetición de los paneles, evoca otro elemento muy nuestro: el papel picado. Es el recorte en las hojas, en este caso placas de metal, lo que hace la figura. La escultura tiene la característica de ser perfectamente reconocible como una obra de Vargas y a la vez ser novedosa dentro de sus trayectoria.

El emplazamiento, que en principio podría pensarse que no es el mejor para una escultura de estas características, tiene sin embargo una doble virtud. La primera es que dignifica el espacio público, que es uno de los objetivos  principales del arte monumental urbano. La Calzada del Federalismo y los barrios vecinos (El Refugio, El Santuario y Mezquitán) ganaron con la escultura. La segunda virtud, que no se si fue planeada pero es sin duda afortunada, es que la escultura Sincretismo esté en el ingreso de Mezquitán, uno de los cuatro barrios indígenas que tuvo la ciudad en su fundación. Si en algún lugar tiene sentido hacer una homenaje el sincretismo religioso es justamente ahí donde se dio el encuentro de las culturas.

Decía Monsiváis que “antes lo valiente era atacar al presidente; ahora lo valiente es defenderlo”. Mi valentía no da para defender a ningún gobernante pero si para celebrar el proyecto de arte público y en particular esta obra. Salud.

Diego Petersen

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