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Luis Ernesto Salomón
AGO 13 2017
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Por Luis Ernesto Salomón luisernestosalomon@gmail.com

La guerra y la paz en Venezuela

Venezuela se enfrenta a su propio destino. La población atrapada por un régimen totalitario la pasa mal. Escasean alimentos y medicinas, mientras la economía está de cabeza con la inflación más alta del mundo. El régimen militar se ha endurecido, la comunidad internacional le aísla y para colmo el presidente Trump anuncia que sobre la mesa está también una solución militar. Aunque esto último parece más un signo que una realidad, de cualquier forma contribuye a la escalada de tensión y violencia que ya se ha cobrado la vida de más de 100 personas desde la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

Así como Tolstoi narró en La Guerra y la Paz la época de las invasiones napoleónicas hasta la estabilidad de la gran Rusia zarista, así la historia de la nación suramericana ha pasado de la épica revolución de Chávez, su idilio cubano y la tragedia de la decadencia que se vive ahora. Curiosamente la amenaza de la guerra, que fue definida por Camus como la soledad infinita, agrega dramatismo, pero la realidad de la economía apunta a ser el factor esencial ya que el régimen se ha quedado prácticamente sin respaldo económico relevante que le sostenga. A diferencia de Cuba, Venezuela tiene una realidad social y política mucho más abierta, con una oposición cada vez más activa. Parece que la suerte está echada para Nicolás Maduro, quien intentó hablar con el presidente de Estados Unidos y éste respondió que no hablará hasta que se restaure la democracia.

Pero parece que será la realidad económica la que precipite el fin del Gobierno de Maduro. Efectivamente los ingresos de la nación sudamericana se sostienen casi exclusivamente de la venta de petróleo y de la financiación de las empresas de Wall Street. La deuda soberana de Venezuela está en camino de sufrir un impago, según los expertos antes de 20 meses por la inercia económica. Pero este hecho puede precipitarse si se imponen sanciones que impliquen impedir a las empresas norteamericanas renegociar bonos venezolanos o si se restringen las condiciones de compra de petróleo. Entonces el horizonte es de meses cortos.

El ingrediente ruso aparece porque la empresa estatal venezolana y el Gobierno deben a Rosneft, la empresa petrolera rusa, la friolera de dos mil 416 millones de dólares y han dado en garantía las acciones que Petróleos de Venezuela tiene en la petrolera norteamericana Citgo. Un impago de la deuda supone la aplicación de medidas draconianas incluyendo la ejecución de activos, lo que podría llevar a los rusos al control de una empresa importante del sector petrolero norteamericano. Asunto que seguramente pesa en el diseño de las sanciones económicas que aún no se concretan. De cualquier forma, el default y sus consecuencias económicas para la población seguramente precipitarían, ahora sí, una insurrección de los círculos de poder cercanos al régimen o una revuelta popular de mayor alcance. Ahora mismo la situación es crítica en muchas regiones en donde las personas buscan sobrevivir o emigrar.

En los últimos meses se cuentan por decenas de miles los inmigrantes venezolanos en Colombia, que pasan la frontera cargados de sus pocas pertenencias en escenas que presagian la tragedia. Ahora parece que es cuestión de tiempo para que la crisis económica se precipite aún más, generando más dolor a una población que está llegando a límites a los que no se puede ser indiferente. El riesgo de que el régimen de Maduro cruce la línea roja de una represión desmedida está presente mientras la situación en los bolsillos de los habitantes se hace cada vez más desesperada. Esperemos que surja al final la sensatez que evite el estallido de mayor violencia fratricida, porque la peor de las guerras es la que se desata entre hermanos.

Luis Ernesto Salomón

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