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Antonio Ortuño
AGO 11 2017
El mundo alucinante

Por Antonio Ortuño opinion@informador.com.mx

Caminos de la autoficción

Estuve, hace un par de semanas, en la Feria Internacional del Libro de Lima. Habría bastante que decir sobre la feria en sí pero, de entre todo lo que podría elegirse como tema, me interesa ahora un dato que me parece sensacional y que procedo a compartirles. Al terminar el evento, que dura sus buenas tres semanas, y tras hacerse el recuento de lo facturado por cada sello editorial, se informó que el libro más vendido fue la novela Dejarás la tierra, del escritor limeño Renato Cisneros. ¿Cuál es la nota, se pregunta usted? Justo esa. Que el libro más vendido en la feria más importante en un país latinoamericano no sea un manual de autosuperación, las confesiones de un youtuber o el best-seller de murciélagos enamorados de algún santón anglosajón, como pasa entre nosotros, sino una obra contemporánea, de un escritor de ficción serio, comparativamente joven (tiene 41 años) y de primera línea, como Cisneros.

Esto es, salvando las distancias, como si en la FIL de Guadalajara el libro más vendido no fuera el de Yordi Rosado, el Crespúsculo del año, o los consejos de Yuya, sino Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, o alguna novedad de Yuri Herrera. Algo para celebrar, pues.

¿Cuál puede ser el secreto peruano para colocar a la narrativa nacional contemporánea en el centro de la industria del libro (autores como Jeremías Gamboa, por ejemplo, han alcanzado en años anteriores un éxito de difusión similar al que ahora tiene Cisneros), a la par o por encima de esas lecturas a las que se encomiendan como al rosario los editores de otras latitudes para mantener las cuentas en verde?
Sinceramente, es difícil decirlo. El medio literario peruano es robusto, al nivel que los son el mexicano, el argentino, el colombiano o el chileno, por ejemplo, países en los que, sin embargo, la literatura dista de ser masiva (en Argentina lo ha sido en ciertas épocas; en México o Colombia, la popularidad fue de la mano del peso de figurones como Gabo o Fuentes…). Y en estos países existen, desde luego, toda clase de “alternativas”, es decir, libros “populares” como los ya descritos.

Quizá podemos argumentar (y esto es solo una teoría) que, en el caso de Cisneros, de Gamboa, y de otros autores de rabiosa actualidad en Perú, como la cronista Gabriela Wiener, la formación periodística del escritor puede contribuir a hacerlo más sensible a los intereses del plural de los lectores, detalle no siempre claro (o siquiera relevante) para numerosos autores con una formación predominantemente académica, por ejemplo.

En cualquier caso, resulta un fenómeno más que interesante, en términos de industria editorial. Un último detalle destacable: la obra de Cisneros (como su anterior novela, exitosísima, La distancia que nos separa) se inscribe en la corriente de la autoficción familar, aunque con un carácter único, que la diferencia de sus contrapartes europeas. Algo que da para pensar a esos apóstoles de las infinitas historias de narcos y balazos.

Antonio Ortuño

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