Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
AGO 11 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– “Calandrias”

Si ya se habían inventado los cigarrillos sin nicotina, el café sin cafeína, la cerveza sin alcohol y la Coca-Cola sin azúcar (“y los periódicos sin periodistas”, como dijo algún malora), ¿qué de sensacional tiene que las “h.” autoridades municipales de Guadalajara revolucionen la tecnología de la transportación terrestre y conmocionen a la humanidad con la invención —¡eureka, eureka…!— de las “calandrias” sin caballos…?

-II-

Homero Simpson —hablando de filósofos griegos— dijo alguna vez que “las tradiciones, como los jarrones de porcelana china, están para romperse”. Sin embargo, una cosa es que ciertas tradiciones tuvieran que romperse, imperativamente, porque se habían vuelto insostenibles —como la pena de muerte—, que otras deban romperse porque son estúpidas —como la de quemar llantas o tirar balazos al aire en ocasión del Año Nuevo—, que otras deberían romperse porque la experiencia ha demostrado que son impertinentes y ocasionalmente peligrosas —como la de acompañar las celebraciones religiosas con salvas de cohetones en plena madrugada—, que otras están en vías de romperse porque los patrones culturales de las sociedades modernas se modifican —como los circos con animales, que muchos países han abolido… aunque ese mismo hecho ha ocasionado la muerte de muchos circos, o como las corridas de toros, que han sido proscritas en las legislaciones estatales del país que se precia de haber sido “la cuna de la fiesta brava”—, y otra muy diferente pasar a la historia por haber acabado de un plumazo, sólo por dar gusto a algunos grupos de defensores a ultranza de los animales, con una tradición que, curiosamente, se mantiene y casi seguramente se mantendrá vigente aún por muchos años en muchas ciudades del que desde aquí llamamos, con cierto complejo de inferioridad, “mundo civilizado”.

-III-

Empeñadas en quedar bien con Dios y con el diablo —con los “animaleros” y con los tradicionalistas, pues—, las “h.” autoridades propusieron, como sucedáneo de las “calandrias” ahora en vías de extinción, un carromato motorizado que replica el diseño de las que, a su vez, sustituyeron a los modelos originales, similares a las que circulan en Roma, Sevilla, Nueva York y otras urbes cuyos gobernantes han encontrado, al paso de los años, la fórmula para hacer lo que los de aquí no supieron (o no quisieron, o no pudieron): la manera de hacer compatibles las exigencias de la modernidad —razonables, sin duda, muchas de ellas… aunque no todas— con el sabor a cultura de las genuinas tradiciones.

 

Jaime García Elías

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