Guadalajara, Jalisco

Jueves, 17 de Agosto de 2017

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Jaime García Elías
AGO 10 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Las Villas

–¿Qué es eso…?

A la pregunta de los curiosos que, ignorantes de la historia, ven a la distancia los edificios de las que fueron Villas en que se alojaron los atletas participantes en los Juegos Panamericanas de 2011 –“Los mejores de la historia”, como acostumbraba decir Mario Vázquez Raña, de todos los que se realizaron durante su gestión de 40 años (de 1975 a 2015) como mandamás de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa)–, la respuesta más adecuada sería esta:

–Es un monumento a la torpeza, desfachatez e impunidad con que, con mucha más frecuencia de lo deseable, se gastan los dineros públicos en Jalisco.

-II-

Torpeza, porque las Villas nunca debieron haberse construido ahí: en una zona de recarga de mantos freáticos; en una zona topográficamente deprimida –no en balde se le conoce como “El Bajío”–, de la que sería sumamente costoso retirar las aguas residuales. Desfachatez, porque la obra se realizó a contrapelo del sentido común más elemental y de las opiniones emitidas en su oportunidad por expertos en la materia. E impunidad porque, aun en el deseable caso de que se cumpla el anuncio del fiscal general del Estado, Eduardo Almaguer, en el sentido de que se ejercitarán acciones penales contra quienes resulten culpables de los delitos que casi seguramente se cometieron al perpetrar ese disparate (desvío de recursos, peculado y los que resulten de las pesquisas realizadas por el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses [IJCF]), es muy probable que los principales beneficiarios –por el lucro que obtuvieron– de semejante barbaridad, se quedarán, al final del cuento, incólumes, con la bolsa llena… y muertos (en sentido figurado, desde luego) de la risa.

-III-

Planteados, en el discurso oficial, como un motivo para promover a Guadalajara y para subsanar, en cierta medida, los rezagos de décadas que arrastraba la ciudad en materia de construcción de instalaciones para la práctica del deporte, los Juegos costaron una millonada. Fueron, muy probablemente –habrá que ver hasta dónde llegan las dichosas pesquisas del IJCF– un gran negocio para quienes desde oficinas gubernamentales fueron sus promotores: un negocio mucho más rentable para ellos, para sus amigos y eventuales cómplices (en caso de comprobarse que, como apunta el fiscal, en esa aventura se cometieron delitos), que para la ciudad que ahora tiene en las Villas un elefante blanco como monumento –valga la reiteración– a la torpeza, desfachatez e impunidad con que suelen gastarse los dineros públicos en Jalisco.

Jaime García Elías

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