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Jaime García Elías
AGO 9 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Neymar

Los 222 millones de euros contantes y sonantes que el París Saint-Germain pagó al Barcelona por el pase de Neymar, equivalen, centavos más, centavos menos, a cuatro mil 440 millones de pesos mexicanos.

Un mundo de dinero, efectivamente. Una cantidad exorbitante. Una cifra con la que podrían comprarse, íntegras, si estuvieran a la venta como chiquihuites llenos de tamales —según el ejercicio realizado la semana pasada por “El País” de Madrid—, las nóminas completas de cuatro de los llamados “grandes” del futbol mexicano: América, Guadalajara, Pumas y Cruz Azul, además de la de los Tigres ؙ—la plantilla más costosa de México—… y aún sobraría para agregar, a la cotización actual de sus cartas, al “Chicharito” Hernández, Héctor Moreno, Andrés Guardado y Oribe Peralta.

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El tema, como suele suceder cuando la transferencia de una figura del futbol mundial se vuelve noticia dominante, desata infinidad de reflexiones. La principal, por supuesto, alude a la supuesta desmesura de las cifras que se manejan en lo que en sus inicios se limitaba a ser un deporte que sus pioneros, hace un siglo, dedicaban para llenar los ocios que el trabajador común y corriente comenzó a tener como beneficio de la Revolución Industrial, y se convirtió en una industria poderosa que de una u otra forma tiene atrapada, hipnotizada e incluso enajenada a buena parte de la población mundial: desde los espectadores en la televisión o en los estadios hasta los adictos a coleccionar camisetas de los astros.

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Se plantea la desproporción entre los ingresos de un deportista profesional y los de, pongamos por caso, un científico o un médico. Se tilda de inmoral que el primero perciba fortunas por dedicarse a una actividad cuya trascendencia social es incomparablemente menor a la de profesionales de disciplinas en que muchas veces se perciben remuneraciones modestas. Se incurre en la ligereza de proponer que, puesto que así está el mundo, se induzca a los jóvenes a “dedicarse al futbol”…

No se repara en que en el mundo hay miles de jugadores de futbol, pero sólo unos cuantos tienen las condiciones necesarias para dedicarse profesionalmente al deporte, y los que tienen acceso a las fortunas de los Messi, Ronaldo, Neymar y demás figuras propiamente dichas, son una selecta minoría. No se advierte, pues, que en ese oficio, como en tantos otros, muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Jaime García Elías

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