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Jaime García Elías
AGO 7 2017
Libre directo

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

“¿Está Enrique…?”

Los pasajes de la conversación telefónica que sostuvieron los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y México, Enrique Peña Nieto, hace casi siete meses, publicados la semana pasada en el “Washington Post” -el diario que forzó la renuncia del presidente Richard Nixon, hace 43 años (a cumplirse mañana), al revelar los pormenores del caso “Watergate”-, parecerían confeccionados por Miguel Gila, el disparejo humorista español (polvo a los pies de Jardiel Poncela o Jaume Perich, por poner sólo un par de botones de muestra) que cobró cierta fama, hace ya bastantes ayeres, mediante supuestos diálogos -en realidad monólogos- al teléfono.

-II-

Las filtraciones del “Post”, en el aspecto informativo, además de tardías, son insustanciales. Son escandalosas, ciertamente, porque ponen a Trump en el papel de jefe regañón y a Peña en el de empleado regañado… aunque la clase y la dignidad de éste salen infinitamente mejor librada que las de aquél. Cobraron relevancia, por lo demás, porque el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se agarró de ellas, como náufrago a tabla ardiendo, para tratar de desviar contra su homólogo mexicano el aluvión de críticas que, por la crisis social, política y económica imperante en su país, le llueven de todo el mundo.

Al margen del tono estridente y delirante con que algunos analistas las manejaron -hubo quienes se pronunciaron a favor del rompimiento de relaciones de México con Estados Unidos, como si esos asuntos se manejaran como noviazgo entre adolescentes-, el tema da pie para retomar algunos párrafos de Mario Vargas Llosa, sobre “Lo privado y lo público”, en glosa a un texto de Alfonso Savater, planteados en su ensayo “La Civilización del Espectáculo” (Ed. Punto de Lectura, 2015).

Por ejemplo, su alusión a “el entronizado ‘derecho de todos a saberlo todo’”: un supuesto derecho que es “parte de la actual imbecilización social”, puesto que “Ninguna democracia podría funcionar si desapareciera la confidencialidad -quebrantada, en el caso, por la filtración del Post- entre funcionarios y autoridades”.

“Gran parte de ese material -señala el escritor peruano- está conformado por datos y comentarios cuya difusión , aunque no tenga mayor trascendencia, sí crea situaciones enormemente delicadas a aquellos funcionarios y provoca susceptibilidades, rencores y resentimientos que sólo sirven para dañar las relaciones entre países aliados y desprestigiar a sus gobiernos”.

-III-

Colofón: si a la información referida se le dio tanta relevancia fue porque, al final de cuentas, sigue siendo cierto que “a falta de pan… tortillas”.

Jaime García Elías

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