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Miércoles, 16 de Agosto de 2017

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Luis Ernesto Salomón
AGO 6 2017
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Por Luis Ernesto Salomón luisernestosalomon@gmail.com

La llamada de Trump

La filtración de la transcripción de la conversación telefónica entre Donald Trump y Enrique Peña Nieto es un hecho sin precedentes, no sólo en la relación entre nuestros países sino en la diplomacia internacional. Más allá del contenido, ya de por sí impactante por la forma, el lenguaje y las propuestas amenazantes que dejan ver el estilo narcisista del presidente estadounidense y la forma prudente de sortear la tolvanera de un sorprendido Peña Nieto, lo más importante es el hecho mismo de la filtración y sus efectos.

A partir de ahora ni Enrique Peña Nieto, ni ningún jefe de Estado del mundo hablará por teléfono con Trump con confianza, porque saben que en cualquier momento sus palabras podrían aparecer en la prensa. Con ello se menoscaba uno de los principios de la diplomacia: la confianza en la interlocución entre los dignatarios de más alto nivel. La Casa Blanca ha perdido un elemento clave en las relaciones internacionales y costará tiempo y esfuerzo restaurar algún grado de confianza. Además, es claro que quien filtró las conversaciones lo hizo con sumo cuidado de no revelar algún secreto que pudiera poner en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos: escogió un par de conversaciones, cuyo contenido ya se conocía de alguna forma desde hace meses.

Quizá lo más delicado en ese sentido es el revelar la percepción que tiene Trump de la lucha contra narcotráfico en México, su ineficacia, y su poco aprecio por las Fuerzas Armadas mexicanas, al poner de manifiesto la oferta de involucrar a sus soldados en el combate a la delincuencia. Pero no se llega más allá. Lo que queda de manifiesto es que hay los mecanismos que pudieran luego revelar asuntos de mayor riesgo, como los temas militares o las estrategias de espionaje.

La reacción fue inmediata: el fiscal Jeff Sesions llamó a detener las filtraciones y anunció que ya hay cuatro personas encausadas por delitos relacionados con el uso y divulgación de información clasificada. Seguramente veremos un esfuerzo para asegurar la información por parte de John Kelly, el nuevo jefe de gabinete, mientras la prensa continúa su lucha por fortalecer su posición independiente frente al presidente. En ese entorno se iniciarán las negociaciones del TLCAN y las conversaciones respecto a la cooperación en materia de seguridad y combate a la delincuencia.

A partir de la publicación del Washington Post, la presión en el cuidado de la información por parte de la diplomacia mexicana es enorme, porque además de la negociación en sí, las implicaciones políticas de cualquier desliz pueden ser enormes. Curiosamente la filtración es una llamada de atención que será de gran utilidad también para los diplomáticos de todo el mundo, que se dan cuenta que el trato con el presidente Trump es un asunto que debe ser tratado por separado.

Un golpe más al liderazgo de Trump y de los Estados Unidos, propiciado por una forma caótica y voluntariosa de ejercer el Gobierno, que busca en todo momento ganar la percepción mediante los impactos noticiosos, pero que al fin de cuentas produce un desgaste que poco a poco deja ver la verdadera dimensión de quien lo hace y la intención real que persigue. La filtración aumentó la desconfianza global y en el caso de México aumentó la presión sobre nuestra diplomacia.

Luis Ernesto Salomón

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