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Armando González Escoto
AGO 6 2017
Los colores del tiempo

Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

La esencia de la calandria

La calandria es por esencia un coche tirado por caballos. En eso radica su valor, su permanencia y su atractivo. Es el recuerdo de los tiempos idos hecho realidad permanente en una ciudad que se jacta de apreciar y conservar sus tradiciones.

Pero de pronto aparece de no sabemos que coto residencial extramuros de nuestra ciudad un grupo de activistas pro “derechos” de los animales que se lanza a la defensa solamente de los  caballos de las calandrias, y con todo tipo de sinrazones logran que aún la misma autoridad caiga en su extraño juego y pongan en entredicho la sobrevivencia de este uso tan típico de nuestra ciudad, y desde luego, la única tradición que  conservamos en lo que mira a este tipo de  transporte público que ha logrado ya permanecer y convivir  por más de cien años con tranvías primero y automotores después.

¿Acaso es Guadalajara la única ciudad “primitiva” que conserva esta valiosa tradición? Ahora resulta que Londres, Nueva York, Roma, Viena y Varsovia, entre tantas otras, son entidades anticuadas, enemigas de los caballos porque conservan, y lo seguirán haciendo, el uso de carruajes tirados por estos nobles animales.

Por supuesto que los caballos no son mascotas, son animales de trabajo, lo han sido siempre y gracias a eso han logrado sobrevivir al mundo de la tecnología, en el medio agrícola, en el deporte, y desde luego, en el transporte. Que se deba velar, agradecidos, por su salud y buen trato es exigido, pero de eso a suprimirlos y destinarlos al rastro la diferencia es mucha. Los caballos se ganan su comida trabajando, en estrecha relación con los seres humanos, hasta las mascotas lo hacen sirviendo de compañía, o ¿habrá que esperar que de pronto surja otro colectivo proclamando la libertad de todo animal doméstico? “Animales del mundo, uníos” ¡no cambien su preciada libertad por comida segura y correa sujeta¡.

En una sociedad tan plural y cambiante como la nuestra pueden surgir y lo hacen todo tipo de iniciativas, de grupos, de causas, y en esa dinámica aparecer igualmente contrastes y divergencias, toca a la autoridad poner los límites, establecer los acuerdos y los equilibrios, conservar el sentido común y hacerlo valer, en lugar de tomar partido y banderas que acaban lesionando a la mayor parte de la ciudadanía, a cambio de quedar bien con “x” o “z” colectivo.

No vamos por buen rumbo, hay una gran divergencia entre los tapatíos que saben integrar el pasado y el presente, y entre otros tapatíos para los cuales sólo importa el momento, lo cual los está llevando a arrojar a la basura todo el patrimonio tangible e intangible que hemos recibido y que es condición esencial de la identidad, pues esta, la identidad, no se inventa cada día, se descubre y se asume como parte integrante de una proyecto social que no nació hoy por la mañana, en el “after”. Toca a la autoridad, si la hay, conciliar las edades y las épocas, conservar y defender los referentes, y las calandrias de caballos, con todo lo que se pueda decir, son también un referente tapatío que no se debe perder ni deformar.

 

armando.gon@univa.mx

 

Armando González Escoto

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