Guadalajara, Jalisco

Miércoles, 16 de Agosto de 2017

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Jorge O. Navarro
AGO 1 2017
Palestra 20

Por Jorge O. Navarro jonasn80@gmail.com

También la Torre Eiffel fue cuestionada: Alfaro

Cuando el presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, presentó este 30 de julio la primera de una serie de esculturas que se instalarán en diferentes puntos de la ciudad con una inversión aproximada de 42 millones de pesos, derrochó un entusiasmo infantil, y a las voces críticas con su proyecto les reviró con una frase digna del recuerdo: a la Torre Eiffel también la cuestionaron y ahora es un símbolo mundial.

Exageró. Definitivamente. Porque la “obra de arte” que ya está instalada en el cruce de las avenidas Américas y Pablo Neruda no es otra cosa que una pluma enorme. Un bolígrafo de la estatura de dos hombres y medio… Alexandre Gustave Eiffel, aquel ingeniero francés que diseñó la emblemática torre que se levanta en París, estaría justamente ofendido con la comparación.

El Programa de Arte Público (así se llama) todavía nos entregará nueve esculturas más, y quizá la más polémica será la enorme maceta, con árbol incluido, de la autoría de José Fors, que estará colocada junto a la iglesia de Aranzazú.

“Desde ahorita les decimos: pueden hacer lo que gusten, pueden decir lo que quieran. Nosotros vamos a seguir hacia adelante con el proyecto de arte urbano para la ciudad”, sentenció el alcalde, porque está seguro de que las críticas no sólo no aminoran sino que irán en aumento.

En el caso de este programa cultural en particular, el problema con Enrique Alfaro es su afán permanente de ver en todo inconforme a un priista oculto que intenta descarrilar sus proyectos electorales del año 2018. Y no es así. Los priistas sí existen y efectivamente, sí anhelan derrotarlo cuando sea candidato a gobernador. Pero la ciudad y los tapatíos; la apariencia de la ciudad y sus expresiones culturales, son mucho más que unas elecciones, y mucho más también que un sexenio y un político con simpatizantes. Afortunadamente.

El conflicto de fondo, si es que el alcalde y sus asesores quieren enterarse, es que no se conoce claramente cómo eligieron las obras de arte y cómo eligieron los lugares donde estarán colocadas. La pluma grandota se perderá entre el tránsito incesante de la Avenida Américas, y en el caso de la gran maceta con rostro humano, todavía queda la duda de quién o quiénes decidieron que Fors era la opción. Y lo mismo podría decirse de las otras ocho esculturas.

¿Son muchos 42 millones de pesos para las esculturas? Seguramente son muy pocos.

¿Pero por qué debe impulsarse un proyecto culturan en el lapso de una gestión de menos de tres años? ¿Porque el alcalde quiere estar en posibilidad de afirmar que él impulsó, él gestionó y él mismo entregó? Es válido, ciertamente, pero no todas las soluciones, así sean culturales, para una ciudad tan grande, tan conflictiva, pueden caber en el término de tres años.

Hay cosas que el alcalde y todos los políticos deben aceptar, aunque no entiendan. Una de ellas es que los procesos sociales no caben en un trienio o un sexenio; no se resuelven con base en actos voluntariosos, aunque sean bienintencionados. Y más graves se tornan las cosas si hay sospechas de favoritismo.

Por cierto, la directora de Cultura de Guadalajara, Susana Chávez Brandon, declinó una entrevista. No dijo porqué. Pero quizá ella tenga mejores razones que las del alcalde.

Jorge O. Navarro

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