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Laura Castro Golarte
JUL 29 2017
Ciudad adentro

Por Laura Castro Golarte lauracastro05@gmail.com

Falta de autenticidad

Además de la corrupción, que no es poca cosa, la clase política adolece de autenticidad. Ninguna decisión se toma con base en las necesidades de la población a la que se deben. Digo, no estoy descubriendo el hilo negro, pero si seguimos el rastro o la pista de sus manifiestos, informes, declaraciones y acciones varias, confirmaremos que nada, pero nada, se hace sin interés electorero. Dicho de otras formas: no dan paso sin huarache o se dedican a llevar agua a sus molinos.
Los ciudadanos estamos a expensas de que estas decisiones interesadas representen algún beneficio, pero también se corre el riesgo de que no y pasen a convertirse en claras y absolutas imposiciones dignas de gobiernos autoritarios, así, autoritarios, sin filtros ni disfraces.

Me veo en la necesidad de curarme en salud: estoy a favor del uso de las bicicletas y de todas las medidas que se tomen para inhibir el uso del automóvil y mejorar la movilidad en esta ciudad tan compleja. Mejorar la movilidad para mí significa agilidad, fluidez, menos contaminación, menos costos en todos los sentidos, menos desperdicio de tiempo, productividad… en suma, armonía social y urbana.

Hasta aquí bien. Lo que no me parece y lo he expresado desde hace años, es que se habiliten ciclopistas o ciclovías como si fuera lo único que se necesita, precisamente, para mejorar la vialidad. Lo peor de todo es que a pesar de las malas experiencias por las ciclovías en otros puntos de la ciudad como en Av. La Paz por ejemplo, se cometen los mismos o peores errores en la de Av. México.

Ambas vías eran fluidas y de las pocas que cubren amplios sectores de la urbe de oriente a poniente y viceversa. Av. México, entre Juan Palomar y López Mateos, funcionaba (tiempo pasado) como vía alterna en caso de accidente, obra pública, tormenta o cierre de la Minerva. Efectivamente, ya no. En la confluencia de las avenidas México y Terranova (poniente) se hace un mazacote con los semáforos y flechas que mínimo (y eso si no está lloviendo o hubo algún percance vial) hay que invertir media hora en un tramo de dos cuadras. ¿Y la ciclovía? Vacía.

Hace tiempo conversé con un promotor del uso de la bici y cuando le manifesté los problemas que generaba la ciclopista en Av. La Paz (ya saben, la supresión de un carril de cada lado del camellón, los bolardos y el estacionamiento a media vía), de inmediato me dijo que le quedaba claro que yo era una opositora. Ah, porque esta es otra cuestión: no se puede expresar un desacuerdo, con argumentos y con el ánimo de que la medida se mejore, porque del otro lado hay un cierre total de entendimiento y lo único que puede surgir de una actitud así es un juicio demoledor. Casi fui juzgada de antiprogresista y sólo faltó que me colgara alguna etiqueta partidista, bueno, de seguro lo hizo pero no me lo dijo. El individuo se enojó y prácticamente me retiró el habla. Así se las gastan en una reacción que lamentablemente cunde y que lejos de aportar limita… A ver cuándo aprenderemos.

Estas decisiones responden a una tendencia electorera a favor de la movilidad, pero se ha malentendido y se han desdeñado, reitero, los señalamientos que apuntan a hacerlo de una mejor manera. ¿Los resultados? Caos vial, pérdida de tiempo, costos, costos y más costos, más humor y lo que se acumule. Algo que podría ser bueno lo están haciendo mal. Ese tramo de Av. México, lo echaron a perder ya y con él, toda la zona de influencia que es transitada y extensa.

Otro ejemplo de la falta de autenticidad (son apenas dos botoncitos), es el tema de la escultura de José Fors. Me recuerda aquel mural que Alejandro Colunga no pintó en la Capilla Loreto porque en esta casa editorial se dio a conocer la imposición que se pretendía. Retomo las consideraciones del Dr. Roberto Castelán: es de celebrar que los gobiernos incluyan en sus políticas públicas el impulso del arte y los artistas, sobre todo en Jalisco con tanto talento y más, agrego, si la cuestión presupuestal está resuelta… Pero ¿por qué José Fors? ¿Por qué no otro? Es algo que ampliamente se podría someter a consulta. Se está manejando el asunto como una total y absoluta imposiciones, es decir, como emanada de un gobierno autoritario. La ciudad es de todos y el arte público pasas a formar parte del patrimonio de todos. Si Enrique Alfaro tuviera esto en cuenta, sus decisiones serían más auténticas y no nos recordarían tanto a los gobiernos que dice criticar y con respecto a los cuales quiere pintar una raya o poner distancia. Está a tiempo de rectificar. La carrera pretende ser larga.

Laura Castro Golarte

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