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Jaime García Elías
JUL 25 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* “¡Crucificadle…!”

Es poco probable que quienes dirigen los destinos de la Federación Mexicana de Futbol, siguiendo el ejemplo de Poncio Pilatos, decidan lavarse las manos y acatar, con respecto a la continuidad de Juan Carlos Osorio, el imperativo de la turba airada:

–¡Crucificadle…!

*

Es poco probable que esa sea la secuela de la derrota del domingo ante Jamaica, que frustró el proyecto de, por lo menos, disputar la Final de la Copa Oro… Por varias razones: una, que la tarea fundamental que se le asignó cuando fue contratado —la clasificación para el Mundial de Rusia 2018— está a un paso de lograrse; dos, que los dueños del juguete estaban conscientes de que, al encimarse prácticamente los calendarios de la Copa Confederaciones y la Copa Oro, a esta última, por su jerarquía inferior, había que llevar una Selección “B” (aunque no se le diera esa denominación un tanto despectiva), en detrimento de sus perspectivas, como demostró la realidad; y tres, que no sólo no hay un plan B confeccionado para satisfacer a la turba de detractores de Osorio, sino se ha dicho reiteradamente que el proceso, en cualquier caso, llegará a su término.

O sea que, como algo sensacional no suceda, Osorio será técnico de la Selección Mexicana hasta el Mundial del año próximo… cuando menos.

*

Ahora bien: independientemente de que el desenlace de la Copa Oro, desde la perspectiva del futbol mexicano, merece tildarse de fracaso, es insostenible que sea, también, una vergüenza…

Por una parte, en toda competencia deportiva el respeto al adversario es elemental. Debe entenderse, en tal virtud, que Jamaica venció a México de manera limpia y leal; que sus argumentos futbolísticos, en los dos partidos que sostuvieron, fueron lícitos; que en el capítulo de los duelos personales que en todos los partidos se suscitan, el arquero jamaiquino, Andre Blake, se impuso al “Cubo” Torres y a Dueñas en las oportunidades de gol más claras que el “Tri” fue capaz de generar, y Kemar Lawrence venció de manera inobjetable a Chuy Corona ejecutando magistralmente el tiro libre con que se escribió la historia.

Por la otra, debe admitirse que el episodio demostró que el futbol mexicano tiene materia prima para una Selección: la que hasta ahora camina de manera más que aceptable en la eliminatoria mundialista. No para dos.

Pero esa es harina de otro costal. Y pretexto para continuar, mañana, con el tema…

Jaime García Elías

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