Guadalajara, Jalisco

Miércoles, 16 de Agosto de 2017

Actualizado: Hoy 18:18 hrs

23°

Síguenos:

Jaime García Elías
JUL 24 2017
Libre directo

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– ¿Otro “cambio”…?

Hay elecciones en puerta. Se explica, por tanto, la insistencia, en los esbozos analíticos que ya circulan y en los discursos que por el momento apenas son susurros, en “el cambio”. Un “cambio” (por definición, acción de cambiar, una de cuyas acepciones es “mudar o alterar una persona o cosa su condición o apariencia física o moral”) que en México, desde el único estamento a partir del cual podría transformarse la historia —la Presidencia de la República— se ha intentado varias veces: cuando Miguel de la Madrid enarboló como lema de campaña “la renovación moral de la sociedad”; cuando Vicente Fox hizo efectiva la baladronada de “sacar al PRI de Los Pinos”; cuando Enrique Peña Nieto hizo de las “reformas estructurales” —cambios, pues—, energética, fiscal y educativa, las banderas de la supuesta reconversión del PRI.

-II-

El vocablo se repite. Es muletilla que resuena por doquier. Por ejemplo, en el juego de palabras de Ivonne Ortega Pacheco (ex presidente municipal de Dzemul, Yucatán; ex gobernadora del Estado; ex secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI; ex senadora y diputada federal, quien en enero renunció a su curul y anunció abiertamente su intención de buscar la candidatura de su partido a la primera magistratura), en el sentido de que “Si no cambiamos como partido —en obvia alusión al PRI—, la sociedad nos va a cambiar”. O en las estrategias que ya cocinan los partidos de oposición, para integrar “coaliciones” o “frentes amplios”, con un solo propósito expreso y deliberado: destronar al PRI.

-III-

Se trata, en efecto, de agarrarse como a un clavo ardiendo a la premisa del descontento mayoritario de los mexicanos con respecto al fiasco de un PRI cuyo ejercicio de gobierno volvió a quedarse muy por debajo de las promesas de campaña: desde las cacareadas “reformas estructurales” (que, al más puro estilo gatopardesco, prometieron cambiarlo todo para que todo siguiera igual), hasta la actual cruzada anti-corrupción. En otras palabras, de los espejitos que con su prodigalidad acostumbrada obsequió a los ilusos ciudadanos, a cambio del oro de sus votos… (En “Vecinos Distantes”, acertadamente subtitulado “Un retrato de los mexicanos”, Alan Riding lo plasmó así desde 1985: “Los discursos oficiales […] defienden principios y valores que la mayoría de los gobiernos ignoran en la práctica”).

El juego de las elecciones, en México, consiste, esencialmente, en que gane una facción… y que el pueblo se fastidie. Al fin que ya está acostumbrado.

 

Jaime García Elías

EL INFORMADOR valora la expresión libre de los usuarios en el sitio web y redes sociales del medio, pero aclara que la responsabilidad de los comentarios se atribuye a cada autor, al tiempo que exhorta a una comunicación respetuosa.

En caso de considerar que algún comentario no debería mostrarse por ofender a otras personas, instituciones, o ir contra la Ley, cualquier lector puede denunciarlo utilizando el botón de a la derecha de cada comentario.

PARA MOSTRAR LOS COMENTARIOS DE ESTA NOTA PULSA EN ESTE AVISO

:: Más Autores