Guadalajara, Jalisco

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Diego Petersen
JUL 20 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Planes parciales: cómo queremos vivir

El momento más crítico de toda administración municipal es la renovación de los planes parciales de desarrollo. Ninguno ha salido bien librado de esa batalla, por una sencilla razón: los planes son la expresión gráfica de los intereses y conflictos de una comunidad y por lo mismo no hay manera de que todos estemos contentos o de acuerdo. Los conflictos no son necesariamente malos, por el contrario, el mismo hecho de que se discuta habla de una sociedad viva. Como lo he dicho anteriormente, lo único peor que tener conflictos por el uso del suelo es no tenerlos, pues ello significaría que no hay nadie que quiera invertir, o peor aún, que a nadie le importa lo que pase con la ciudad. Bienvenido pues el conflicto y la discusión, pero pongamos algunas bases para discutir.

Todos queremos redensificación en la milpa del compadre. Nadie quiere ser vecino de un edificio, porque hemos vivido de otra forma durante muchos años. En algunas ciudades la forma en que resolvieron este tema es que los vecinos podían vender sus derechos de desarrollo vertical. Si en mi cuadra hay permiso para diez pisos y alguien quiere hacer 15 le deberá comprar sus derechos al vecino, con lo cual el principal afectado es también el principal beneficiado. Este es solo un ejemplo, pero es claro que tenemos que encontrar mecanismos en que el desarrollo vertical sea en beneficio de todos y no un negocio de unos cuantos donde los que sufren son los vecinos.

El otro gran tema con los planes es quién y cómo se define el futuro de cada predio. Los habitantes de la ciudad, es cierto, nos involucramos poco, pero las autoridades son las principales interesadas en que no opinemos. Pero más allá de las lógicas burocráticas y de apropiación de saberes (para ellos solo los que saben deben opinar) no se ha logrado que los planes se hagan con lógica metropolitana, cada municipio va por su hebra, con su visión particular. A pesar del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan) y del famoso Programa de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POT Met) seguimos sin vernos como una sola gran ciudad.

Con independencia de los errores, que los hay (algunas iglesias, por citar un caso, aparecen como predios con vocación comercial. No dudamos que haya mercaderes en los templos y que se trafique con indulgencias, pero para ello no hay que cambiar el uso de suelo) en los planes que está proponiendo el ayuntamiento de Guadalajara la gran discusión está en el cambio de uso de suelo de propiedades municipales lo que abre la puerta a su venta y al sospechosismo. Esto no es bueno ni malo en sí mismo, pero el que se haga sin previa discusión de qué queremos es muy mala señal. Es cierto, Guadalajara necesita reservas urbanas para desarrollar vivienda y recuperar su densidad poblacional, pero también, y quizá con mayor urgencia, requiere consolidar sus áreas verdes y espacios recreativos.

Es el momento de discutir cómo queremos vivir. Para eso son los planes parciales de desarrollo urbano.

Diego Petersen

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