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Jaime García Elías
JUL 19 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Tontos… y listos

Si México, como se enseña a los niños de primaria, está dividido en 32 entidades federativas, y si sucede, por mera casualidad, que 16 ex gobernadores están sometidos, hoy por hoy, a la mirada inquisitiva de las autoridades judiciales –procesados y encarcelados algunos, en vías de extradición otros y simplemente prófugos algunos más—, una interpretación simplista del dato llevaría a la conclusión de que entre los ciudadanos que recientemente han tenido la honrosa distinción de ser gobernadores en este bendito país, la mitad eran buenos y la mitad malos; o la mitad honrados y la otra mitad corruptos.

-II-

Si se hiciera una consulta para que, a partir de los indicios que pudieron captarse durante su ejercicio como “servidores públicos”, en el más alto cargo que ciudadano alguno puede desempeñar en la entidad de la que es originario o ha sido habitante habitual –valga el pleonasmo—, probablemente  la categorización sería diferente: por una parte, los que fueron tan burdos para realizar sus tropelías, para enriquecerse o para beneficiar a sus familiares, cómplices y allegados, que no dejaron opción a que el amplio manto de la impunidad los cobijara; por la otra, los que supieron ser suficientemente hábiles para ocultar sus arbitrariedades,  corruptelas y raterías, o para tejer una ingeniosa red de complicidades que los pusiera, al final de su desempeño, lejos del brazo de la justicia.

No serían, pues, los buenos y los malos. Serían los tontos y los listos.

-III-

Es probable que no en todos los casos se sostengan las acusaciones de malversación o desvío de fondos. Es probable que en algunos casos, ellos o sus colaboradores sólo hayan incurrido en faltas administrativas. Es probable que no se les puedan imputar raterías. Es probable que su línea de conducta, como gobernantes, fuera la conseja de sus ancestros: “El dinero ajeno no se toca; y si es del pueblo, menos”; o la variante: “Es de elemental honradez rendir cuentas hasta del último centavo cuando se manera dinero ajeno”. Por contrapartida, es probable que muchos ex gobernadores que parecerían estar exentos de culpa porque no dejaron indicios de haber incurrido en trapacerías escandalosas o de haberse enriquecido en el ejercicio de su cargo, no estén tan libres de pecado como parece, ni tengan la conciencia tan limpia como pudiera pensarse.

No les faltaba razón a las abuelas de antes cuando decían, sentenciosas, que “El Día del Juicio sabremos quiénes son los señores de Los Guajes…”.

Jaime García Elías

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