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Ivabelle Arroyo
JUL 19 2017
La sopa

Por Ivabelle Arroyo ivabelle@gmail.com

¿Sorteos para sortear la corrupción?

Bueno ya. Está tan complicado el laberinto de la corrupción que hemos trazado en este país que más vale que empecemos a echarle imaginación. Eso de crear más burocracia con un sistema centralizado sin capacidad para entrarle a todo lo que inútilmente verifican las auditorías estatales, de una vez les aviso que no nos va a funcionar.

Cambiar la sangre del sistema tampoco es buena idea. Eso de que hay que sacar a los azules, amarillos o tricolores para que la honestidad valiente de los morenos o de los alfaristas transforme la lógica del poder, desde ahora les digo que será insuficiente.

Voltear hacia una democracia plebiscitaria y sustituir a los congresos, a los partidos políticos y a los funcionarios públicos con organizadores profesionales de consultas populares no es la fórmula mágica.

Regresar tareas de la iniciativa privada al Estado, como está haciendo el gobernador Aristóteles Sandoval para tranquilizar a la gente que quiere saber a dónde se fue el dinero que le cobraron por circular peligrosamente más rápido de lo que debe, no acabará ni con la desconfianza ciudadana ni con los agujeritos para ordeñar la bolsa de las multas de tránsito.

¿Entonces qué? ¿Hay que darse por vencidos? No. Primero aclaro: ninguna de las medidas anteriores es mala per sé, pero no son soluciones mágicas. Poner candados, cambiar a la clase política, recurrir a la participación ciudadana y alternar entre privatización-estatización no está mal. Lo que es terrible es que haya un gran decisor final.

Parece una digresión lo que voy escribir, pero no lo es. El filósofo David van Reybrouck está poniendo sobre la mesa del debate politológico una descabellada propuesta para salvar la democracia quitándonos de encima el retorcido sistema de partidos sin nuevos cuadros, autoridades electorales poco creíbles, fiscalizadores de elecciones, gobernantes que son eternos candidatos y desánimo con los resultados. Su propuesta es recuperar el mecanismo del sorteo, mezclado con herramientas deliberativas. En otro momento detallaré sus argumentos, pero ahora lo traigo a colación porque su propuesta bien puede ayudar a eliminar al gran decisor, que va desde el gabinete presidencial, pasando por todos los Duartes, hasta el alcalde de un pequeño municipio. Hay que quitarles la capacidad de decidir quién firma el contrato. Es una locura ¿no?

Pero démosle una oportunidad, al menos para debatirlo: si se establecen requisitos mínimos para, por ejemplo, encargarse de detectar a los infractores del reglamento de tránsito (garantías técnicas, de servicio, precio y personal), y los que cubren esos requisitos participan en un sorteo simple, nos olvidaríamos de licitaciones amañadas, favoritismo, sobreprecios y empresas fantasmas.

Suena extravagante, pero hay que darle una pensada. De hecho, ya usamos este método: por sorteo se eligen los pilares de nuestra democracia (los funcionarios de casilla), y ese es el eslabón menos cuestionado de nuestra obsesión electoral.
Hay que darle oportunidad a nuevas ideas.
 
Contra el ruido

El próximo lunes se presenta ante el Congreso una iniciativa contra el ruido. Jalisco podría poner, una vez más, un ejemplo nacional.

Ivabelle Arroyo

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