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Jaime García Elías
JUL 15 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Pretextos

Bien dicen que “desde que se inventaron los pretextos, se acabaron los tarugos”…

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El argumento de que Jamaica salió sin más consigna que no dejar jugar al seleccionado mexicano en el partido de la Copa Oro celebrado la noche del jueves en Denver, no vale como justificación para la inoperancia del Tri.

El argumento, para decirlo en una palabra, es tonto. Es insostenible, por lo consiguiente…

Desde que el futbol existe, el juego tiene dos momentos: cuando se tiene el balón, y cuando no se tiene. Cuando se tiene el balón, se asume, ipso facto, una actitud ofensiva. Cuando se pierde, todo el equipo entra en fase defensiva. No en balde se dice que el portero, en cuanto detiene un tiro a gol, se convierte, por el simple hecho de tener la pelota, en el primer atacante; y que los delanteros, en cuanto la pierden, están obligados a fungir como los primeros defensores, y a tratar de recuperarla lo más cerca posible del marco rival.

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Las distancias, antaño abismales, entre los equipos buenos y los no tan buenos, se han reducido por obra y gracia de dos factores. Uno, la preparación física que ha convertido a todos los jugadores en atletas capaces de realizar un esfuerzo sostenido durante los 90 minutos reglamentarios… o más cuando los partidos llegan a los tiempos extra. Otro, la aplicación de los jugadores para reducir los espacios por los que necesariamente tiene que pasar el adversario para llegar al marco.

Sigue siendo cierto que defender es más fácil que atacar; que los defensores de un equipo —que ocasionalmente llegan a ser los 11— cumplen en cuanto impiden el gol del adversario, mientras que los atacantes sólo cumplen cuando consiguen mover el marcador.

*

La Selección mexicana que evidenció su inoperancia y la falta de habilidad o de imaginación de sus jugadores para horadar el muro defensivo de Jamaica, el jueves, es un equipo “B”. El único atacante neto con que contó fue el “Cubo” Torres: un jugador que ni juega en Europa —como Jiménez o el “Chicharito” Hernández— ni en la Liga local, como Peralta. Si en al menos uno de los remates que consiguió esa noche hubiera acertado, hoy sería el héroe. Pero como uno la voló y otro lo estrelló en un palo, Juan Carlos Osorio —por consenso de los “expertos”— merece ser fusilado.

Kafkiano, ¿no…?

Jaime García Elías

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