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Rubén Martín
JUL 15 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

El fraude de 1988

Las elecciones presidenciales de julio de 1988 se han convertido de nuevo en materia de debate no sólo porque acaban de cumplirse 29 años de ese acontecimiento, sino por las declaraciones del actual senador del Partido del Trabajo, Manuel Bartlett Díaz. Bartlett era secretario de Gobernación (y militante del PRI), y como tal presidía el órgano que organizaba las elecciones: la Comisión Federal Electoral (CFE); en efecto, eran tiempos en que el control de las elecciones por parte del PRI-gobierno era más descarado.

El actual senador ahora opositor al PRI dijo al diario Reforma que el candidato presidencial del PRI en 1988, no ganó las elecciones, pero un día después se retractó y dijo que no podía afirmar quién ganó los comicios presidenciales de 1988. “Yo no puedo afirmar que Salinas ganó o perdió”. Bartlett ha ido contando partes de lo que ocurrió en 1988. Hace nueve años en una entrevista para Andrea Becerril de La Jornada, admitió que la noche del 6 de julio el presidente Miguel de la Madrid le llamo para preguntarle sobre los resultados y respondió que el candidato Cuauhtémoc Cárdenas, iba ganando en todo el país y en el Distrito Federal estaba arrasando. De la Madrid le ordenó a Bartlett no dar a conocer esa información pues de otro modo después no se creería el triunfo del priista Salinas.

Pero, aunque importante, el testimonio de Bartlett no es el único ni es imprescindible. De hecho millones de mexicanos fuimos testigos del fraude electoral que el PRI cometió ese día y en días subsecuentes, para impedir que Cárdenas asumiera la presidencia, y así imponer a Salinas y su programa neoliberal radical.

La alteración de la voluntad popular se cometió con todas las técnicas de fraude que el PRI había perfeccionado. No sólo eso: hubo asesinatos de dirigentes opositores, antes y luego de la elección con el fin de intimidad y silenciar a dirigentes que tenían información valiosa. Aquí en Jalisco el fraude fue cometido por todos los sectores priistas de la manera más descarada, y con apoyo policial y del Ejército.

El fraude del PRI para imponer a Salinas de Gortari, además, se probó en las semanas posteriores gracias a estudio estadístico realizado por el físico-matemático de la UNAM y militante opositor, José Barberán. En noviembre de ese año publicó el libro Radiografía del fraude, junto con Cuauhtémoc Cárdenas, Adriana Montjardin y Jorge Zavala. En ese libro se pudo probar cómo el PRI alteró el voto en miles de casillas “zapato”, es decir urnas donde sólo se emitieron votos por el PRI y ni otro voto por otro candidato; regiones rurales sin vigilancia oficial donde el PRI obtenía hasta 90 por ciento de los votos, cuando en las zonas urbanas apenas rebasó 30 por ciento de la votación. De modo que Bartlett todavía no se atreve a admitir que hubo fraude electoral en las elecciones de 1988.

Un fraude cometido por el grupo político-económico en el poder, respaldados por el Ejército, la Iglesia y Estados Unidos, para imponer las políticas económicas radicales de libre comercio y privatización que hoy, 30 años después, tienen al país en una de sus más grandes crisis de la historia.

Rubén Martín

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