Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
JUL 14 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– “Calandricidio”

Considerando que es de temerse que la comisión a la que el Ayuntamiento de Guadalajara encomendó elaborar un prototipo de transporte destinado a sustituir a las “calandrias”, lejos de discurrir, en efecto, un sucedáneo digno de los emblemáticos carruajes que siguen siendo tarjeta postal de la ciudad, salga con el consabido “domingo siete”, hay otra instancia oficial que decidió subirse al ring… pero en la esquina contraria.

-II-

Hay el antecedente de la estramancia que hace algunos meses se propuso como alternativa para evitar el supuesto maltrato a los animales, por una parte, y mantener, por la otra, vigente una tradición centenaria. Se trataba de una especie de “calandria motorizada”: un automóvil provisto de una carrocería que incorpora algunos de los elementos característicos de los carruajes que siguen formando parte del paisaje y de las tradiciones de varias ciudades europeas (Roma, Sevilla…) y algunas estadounidenses (NuevaYork, Filadelfia…).

Al ser presentado en sociedad, el artefacto en cuestión mereció más pitos que palmas. Ni siquiera los más recalcitrantes defensores de los animales le encontraron virtud alguna. (Como decían las abuelas de antes: no tenía por dónde el diablo lo desechara).

Hace un mes, la Comisión Estatal para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de Jalisco, creada a principios de este año a instancias de la Secretaría de Cultura, dio, al respecto, señales de vida: propuso que las “calandrias” –las originales, no las híbridas con que se les pretende sustituir— sean declaradas, precisamente, “patrimonio cultural inmaterial de Jalisco”. De conseguir su propósito –como muy probablemente ocurrirá—, la susodicha Secretaría, de conformidad con el propósito que propició la creación de la referida comisión, debería emitir las “medidas de salvaguardia” orientadas a evitar que se perpetre el “calandricidio” en grado de tentativa que por ahora se cocina.

-III-

Que la Guadalajara actual no es la misma en que rodaron las “calandrias” originales, es público y notorio. Pero si la autoridad municipal ya decidió transformar la Avenida Alcalde, de la carretera en que estaba convertida desde hace 20 ó 30 años, en un “Paseo” que la humanice y la convierta en un atractivo tanto para los visitantes como para los lugareños, bien pudiera pensarse que una arteria como la que se pretende, pródiga en restaurantes, cenadurías, neverías y similares, por la que circularan tranquilamente las “calandrias” tradicionales, pudiera devolverle a Guadalajara un poco del amable sabor provinciano que quienes aman a la ciudad se resisten a que se pierda para siempre.

Jaime García Elías

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