Guadalajara, Jalisco

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Juan Palomar Verea
JUL 7 2017
La ciudad y los días

Por Juan Palomar Verea jpalomar@informador.com.mx

Darle Guadalajara a los de Guadalajara (II de II)

¿Cómo entregarle a la gente una idea clara y atractiva de la Guadalajara en la que estemos de acuerdo en soñar, esperar, trabajar para su concreción? Con la producción y amplia difusión de un cartel (y su secundaria versión cibernética) atractivo, legible, informativo, útil. Un plano y muchas ilustraciones alrededor. Un eficaz y muy claro recurso ciudadano para entender su ciudad tal como puede ser: moderna y cuidadosa de su patrimonio, solidaria y justa, verde, compacta, conectada, vibrante. Una ciudad que vuelva a ser nuestro orgullo y el digno asiento de nuestras existencias, una ciudad que sea la eficaz herramienta para la calidad de vida de todos, para la felicidad comunitaria e individual.

Los venenosos y/o miopes escepticismos de diario dirán que lo anterior es ingenuo. Sin embargo, nunca es inteligente subestimar el poder de una comunicación sencilla y bien estructurada. Nunca es inteligente subestimar el poder de una ciudadanía concientizada en saber lo que quiere y lo que merece. El punto es construir junto con la comunidad, desde la comunidad, ese deseo colectivo.
Pero se necesita un detonador, una imagen ideal, un instrumento que comience a materializar, decantar, dar forma concreta y tangible a la participación y aspiración de todos. De allí la formulación del Plano Loco versión 2.0. Recordemos que el original Plano Loco, de Pedro Castellanos Lambley y Juan Palomar y Arias, elaborado durante 1936-1940, logró –por primera vez en la Guadalajara moderna- condensar e impulsar al menos algunas medidas concretas y, sobre todo, fomentar la aspiración a una ciudad mejor. Renovemos el esfuerzo, hagamos lo que es responsabilidad de esta generación.

Existen multitud de mapas, cartografías, estudios, programas y planos: ninguno expresa integralmente y con claridad lo que con este esfuerzo habría que expresar: hacer soñar, desear a la gente. Y ponerla en movimiento.

Una visión de Guadalajara metropolitana completa: de la Primavera a la Barranca, de Tesistán al Valle de Toluquilla, de Tlajomulco a las primeras estribaciones de Los Altos. Con sus centralidades bien identificadas o distribuidas, con una red de movilidad integrada y racional (peatonal, ciclista, colectiva, y moderadamente automotriz). Esa red, muy intensamente forestada, tendrá buenas y arboladas banquetas y ciclovías; formará así una red verde metropolitana. Por allí correrán las líneas trocales de un totalmente reorganizado transporte. Se podrá lograr una red de movilidad que integre a toda la ciudad y haga respirar a la ciudad en todos los rumbos donde se han implantado los tumores urbanos llamados “cotos” y libere a sus habitantes del uso forzoso del coche, les devuelva la ciudad accesible y variada.

La ciudad tendrá, definitivamente, un cinturón verde e intocable. Parque-límite-pulmón ambiental completo. Ya tenemos la inmensa ventaja del Bosque de la Primavera y la Barranca; falta completar con los valles de Toluquilla y Tesistán (cosa totalmente posible). Las reservas urbanas, dosificadas de acuerdo a la real demanda demográfica y productiva, se limitarán a lo necesario y serán las que están agrupadas alrededor de lo ya actualmente urbanizado. Todas las demás tierras deberán ser dedicadas a ser áreas naturales protegidas (las que venga al caso) o a la agricultura intensiva que podrá dar de comer a cinco millones de inmediatos habitantes, y que será un muy buen negocio y fuente de empleos.

Las demarcaciones urbanas serán delimitadas por grandes corredores verdes. Todas tendrán una centralidad barrial o distrital en la que encuentren servicios, comercio, y sobre todo identificación. Para cada demarcación habrá una versión más detallada, a mayor escala, del Plano. Se incluirá un programa de creación de nuevos espacios verdes, tomando como ejes a los arroyos y cuerpos de agua: los arroyos de la Campana, de Atemajac (río), Chicalote, San Juan de Dios, Oblatos, Osorio, Seco, etcétera. Se podrán rescatar las presas de Las Pintas, el Ahogado, y otras.

Y así se puede seguir. Los obstáculos (además del veneno/miopía) son múltiples y complicados. El Plano tendrá, por supuesto, una serie de complementos técnicos  (o “layers”) indispensables elaborados por quien corresponda y que a su vez retroalimentarán la siguiente versión. Pero hay una condena a la que no podemos someternos: la de resignarnos a una ciudad mediocre, contaminada en todos los aspectos, insustentable, peligrosa, gravosa sobre sus habitantes, alienada, fea. Y es mucho lo que se puede hacer. Como comenzar con un plano que sea capaz de hacer ver, entender, soñar, desear, exigir, actuar.

Juan Palomar Verea

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