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Jaime García Elías
JUL 3 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– El “reto”

El error del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, no consistió en avalar, la semana pasada, la pertinencia de que se eleve de 80 a 105 metros la cortina de la Presa de El Zapotillo –construcción que, por cierto, se encuentra suspendida desde hace tres años, más por obstrucciones seudo jurídicas que por controversia de planteamientos técnicos–, como recomienda el organismo de las Naciones Unidas invitado a pronunciarse al respecto, lo que condena a los poblados de Acasico, Palmarejo y Temacapulín a ser sepultados por las aguas, y a sus centenares de habitantes a emigrar a otras latitudes. No…

El error del gobernador consistió en incurrir en una pifia demasiado frecuente entre los políticos: prometer cosas que no tenía la certeza de que podría cumplir.

-II-

Si los defensores de los poblados alteños que, según todos los indicios, serán sacrificados al efecto de concluir y poner en operación la presa que supuestamente aportará los caudales de agua que los millones de habitantes de las zonas metropolitanas de Guadalajara, en Jalisco, y León, en Guanajuato, demandan imperativamente para los próximos años, tildaron de “traidor” y “mentiroso” a Sandoval, fue porque el entonces gobernador electo se precipitó al asegurar, en uno de los mensajes difundidos a través de las redes sociales que más simpatías le ganaron en su momento: “No vamos a inundar Temacapulín”.

Su compromiso –que le salió más del corazón que de la cabeza– alimentó ilusiones; el anuncio de la semana las transformó en desengaños.

-III-

Tras hacer el anuncio de que, al final de la película, será inevitable inundar las tres poblaciones señaladas y reubicar a sus poco más de 300 moradores, puesto que en función del principio del mal menor el beneficio de los más debe prevalecer sobre el de los menos, el gobernador lanzó un “reto” a sus críticos: proponer opciones que, sin tener que pagar el costo señalado, permitan resolver el problema de fondo.

Más allá del exceso verbal que el uso de ese vocablo implica, habrá que ver si quienes ya anunciaron que recogerán el guante aportan, en efecto, los argumentos técnicos que el conflicto requiere para resolverse de una manera sensata, civilizada y práctica. Sin estridencias innecesarias… Una controversia social de esas dimensiones tiene que resolverse a favor de quien demuestre objetivamente que tiene la razón; no de quien grite más recio.

Después de todo, “Como El Viejo decía: ‘Si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría’...”.

Jaime García Elías

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