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Carlos Enrigue
JUL 2 2017
Ayer decíamos…

Por Carlos Enrigue carlosenrigue@hotmail.com

‘Tiempo de mentiras’

Aunque habrá quién me diga, que el INE y demás centros de negocios electorales todavía no dan el silbatazo inicial, que solo ellos creen importa, en la vida real nos encontramos en plena temporada electoral, donde el nivel de ruindad humana se incrementa a simas insospechadas haciendo que dudemos de si en ese estado sea posible mantener un mínimo de humanidad, pues es obligado pensar en parafrasear a Dante (el florentino, no el veracruzano) y decir que para el glorioso infelizaje el el mejor de los casos tendrá que resignarse a perder en esta temporada toda humana esperanza. Y de esto no podemos salvarnos.

No gusto de las encuestas, no las descalifico pero en mis decisiones no las tomo en cuenta, ahora que son tantas y tan variadas que alguna tendrá el resultado correcto, por mi parte, gane quien gane, tengo la absoluta certeza de que seguramente hay un perdedor: el pueblo.

Pero esta temporada crea en la raza pelona un estado de incertidumbre ya que no pueden creerse muchas de las noticias que leeremos, porque llevarán determinado interés falso o parcialmente verdadero, que es otra forma de mentir y eso es incómodo en la medida que en muchos grupos y en algunos  colectivos y hasta en familias, que formalmente no están interesados ni en las acciones de gobierno ni menos en elecciones a tener conflictos entre si, no por interés sino porque el enojo social producirá que no busquemos quién nos la hizo sino quien nos la pague, lo que es cuando menos incomodo.

Cada quien tendrá sus razones para actuar, todas respetables, para mí es que casi todas las acciones gubernamentales deben verse como un negocio, mire usted, prácticamente todos los programas y acciones de gobierno, o cuando menos la mayoría de estas, pueden verse como tales y o no son necesarios ni indispensables cuando menos para la mayoría de los ciudadanos y esto debido a que los presupuestos gubernamentales, en sus tres niveles escapan al entendimiento de las cantidades que las forman, cientos, miles y millones de millones son dilapidados y se sospecha, por ser imposible comprobar que hay malos manejos o que hay mucho dinero por debajo de la mesa, por lo que pregúntese usted y pregunte a sus gentes cercanas si tiene esa sospecha; esto a pesar de la agobiante publicidad oficial exaltando las obras y acciones.

Algunos creen que la solución puede ser una mayor acción de la sociedad civil y pueden tener parte de razón pero tampoco podemos ignorar que la tentación y el contagio del poder pueden tentar a muchos miembros de estos colectivos a ingresar al goce de los dineros públicos y así hemos visto como muchos miembros de dicho sector que después de luchar por causas legítimas los vemos transformados en funcionarios gozosos de los dineros oficiales y con acciones idénticas a las que antes criticaban.

De esa forma prepárese para aguantar un alud de declaraciones que convertirán a nuestra patria en un reino de mentiras.

@carlosmorsa

 

Carlos Enrigue

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