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Guillermo Dellamary
JUN 25 2017
Explorando el mundo

Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Ya es inútil el regaño

Padre, le decía su hija, cuando era muy pequeña me castigabas mis muñecas cuando te desobedecía y me portaba mal. Cuando crecí, y sacaba malas calificaciones en la escuela, no me dejabas salir a jugar con mis amigas, un poco más grande si no hacia caso a tus instrucciones, me castigabas con no ir a las fiestas de mis amigas. Hoy soy adicta ¿cuál es mi castigo? O a caso no te haz dado cuanta que tus regaños y castigos no dieron resultado y que las cosas han ido empeorando.

           ¿Quién fue el tonto que te enseñó a que con enojos y regaños se educa?

    Esta realidad suele estar en el pensamiento de muchos chicos adictos. Es una sensación de coraje contra los padres, por haber sido tan castigados y regañados a lo largo de su crecimiento.

    Se comprende que los adultos tengamos que enseñar y corregir a nuestros hijos, pero la manera de hacerlo cuenta mucho. No es lo mismo corregir con respeto y aprecio, que con gritos y ofensas. El mal humor, el enojo y la ira, destruyen la confianza.

    En realidad los niños van construyendo un temor a ser regañados por sus padres y por ello son capaces de desarrollar un sistema de mentiras, ocultamiento y engaños que facilite evitar ser regañado. Aunque el colmo es que los padres, pronto descubren las mentiras y estas provocan más regaños y desconfianza, generando un círculo vicioso. Entre más me regañas, más miento. Y entre más miento, más me descubres y regañas.

    La mejor actitud es la de tratar de hablar con los hijos en muy buen plan, con el adecuado tono de voz y el estado emocional equilibrado. Resulta mucho más eficaz que el grito impulsivo y el sermón lleno de enojo.

    Yo todavía le pregunto a muchos adultos, si les gusta que los regañen por sus errores. La mayoría contesta que no les parece que los traten de esa manera, cuando no haces bien las cosas ¿te gustaría que un agente de tránsito te regañe, cuando te pasas un alto? o ¿que la cajera de un banco te grite porque llenaste mal un cheque?

    Solo basta cumplir con la regla de oro, trata a los demás como quieres que te traten a ti.

 

Guillermo Dellamary

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