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Laura Castro Golarte
JUN 24 2017
Ciudad adentro

Por Laura Castro Golarte lauracastro05@gmail.com

Dijo lo que dijo

Las malas experiencias en medios estadounidenses por no verificar la información antes de publicarla han endurecido las reglas y las normas que se deben cumplir antes de que un trabajo periodístico merezca un espacio virtual o en la edición impresa, de periódicos cuyo prestigio no está en tela de duda como The New York Times.

Es claro que el Presidente de México no tiene o aparenta no tener, un conocimiento mínimo de cómo funciona el periodismo en Estados Unidos, incluso en México, sin contar el periodismo advenedizo, corrupto y consecuente claro está; de ese, seguro, conoce muy bien el modus operandi. Del otro, lejos de reconocerlo como periodismo de alto nivel, responsable, independiente y comprometido con la sociedad, ha dado muestras de desdén y de molestia por las publicaciones que sí, lo han afectado y a su familia, severamente a lo largo de este sexenio que fenece.

Todo esto ha quedado en evidencia con su reacción tardía al reportaje que apareció apenas el miércoles en The New York Times, firmado por Azam Ahmed y Nicole Perlroth y titulado “Somos los nuevos enemigos del Estado: el espionaje a activistas y periodistas en México”. Se trata de un trabajo impecable, con todas las fuentes y las referencias necesarias para tener la seguridad de que el contenido es verdadero, y expone —objetivo y función del periodismo de investigación— una realidad que cayó como losa de cientos de toneladas sobre la clase política nacional, pero que hasta el momento sólo ha merecido respuestas tibias, desafortunadas y contradictorias que, en suma, despiertan más sospechas que certezas.

De entrada, el vocero de la Presidencia de la República afirmó que no hay pruebas. Esta simple sentencia deja en claro que hay molestia, una gran molestia, similar a la que generó el tema de la Casa Blanca. Ahora sí que como decía mi abuelita: “se hacen del delito” ¿por qué? Porque si no hay nada que temer, creo yo, la primera reacción debió haber sido algo así como: “es lamentable que periodistas y activistas estén siendo sometidos a un presunto espionaje como se ha denunciado, pero el Gobierno de la República, respetuoso de las libertades civiles especialmente de la libertad de expresión y de las causas sociales que enarbolan los activistas, atenderá este asunto para dilucidar quién o quiénes están detrás de estas prácticas, se fincarán responsabilidades y se tomarán medidas para que esto no suceda nunca más por ningún motivo”.

Digo, aunque también hubiera costado trabajo creer una reacción así, por lo menos se están haciendo responsables en lugar de descalificar de inmediato, como hizo Peña aquí en Jalisco al día siguiente. Descalificar no, de hecho, bueno, eso está siempre implícito en sus mensajes tratándose de prensa libre y comprometida, sino amenazar, cito textual: “al amparo de la ley pueda aplicarse la justicia contra aquellos que han levantado estos falsos señalamientos contra el gobierno”.

Dijo lo que dijo. Nada de que: lo que el Presidente quiso decir… No. Se expresa una vez más el coraje por lo publicado en esta y en otras partes del discurso como cuando afirmó “resulta muy fácil convocar para que se señale al gobierno como una entidad que espía, nada más falso que eso, porque ninguna de las personas que se sienta agraviada, puede afirmar o mostrar o evidenciar siquiera que su vida se haya visto afectada, lastimada, por estas supuestas intervenciones, por ese supuesto espionaje…”. Ademanes de desdén incluidos.

Esto es lamentable y como afirman varias organizaciones civiles que reaccionaron al discurso, es preocupante. La actitud presidencial es contra quienes denuncian, contra las víctimas de espionaje; en lugar de manifestarse de su lado precisamente porque se trata de una práctica ilegal que, como el mismo Peña dijo “no cabe en una democracia”. Porque efectivamente no cabe en una democracia, pero sí existe y si se practica, si ha costado tantos millones de dólares y si sí hay afectados ¿y la democracia?

Los señalamientos de parte de los periodistas y activistas, afectados y no (esto ha propiciado cierta unión del gremio) se endurecieron: “al condenar al fracaso las investigaciones, al normalizar el impacto de los intentos de espionaje en la vida de las personas, al restar importancia a las intervenciones y, sobre todo, al proferir una preocupante amenaza a las y los denunciantes, el Presidente Peña Nieto ha mostrado que no será capaz de investigarse a sí mismo”. A ver cómo responde a la exigencia de constituir un panel de expertos para que funja como escrutador de las investigaciones de la PGR. A ver. Dijo lo que dijo, pero si quiere enmendar, esta propuesta es una oportunidad.

Laura Castro Golarte

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