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Jaime García Elías
JUN 19 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Empate agridulce

Que Fernando Santos, técnico de la Selección portuguesa, declarara que “México fue mejor” (que Portugal), se agradece… aunque probablemente su aseveración deba tomarse como simple gentileza.

Después de todo, el mismo timonel lusitano, como la mayoría de los críticos y la generalidad de los aficionados —los miles reunidos en el Kazán Arena y los millones desparramados por todo el mundo— debieron rebobinar algunos recuerdos muy nítidos de lo que sucedió frente a las dos porterías a lo largo del partido…

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Al margen de que la posesión de la pelota fue, mayoritariamente, de los mexicanos, los lances salientes del encuentro fueron, de una parte, dos remates del “Chicharito” Hernández: uno, de cabeza, flojo y a las manos del arquero; el otro, calamitoso, con la derecha, como para buscar chamba en el centro de lanzamiento de cohetes espaciales de Baikonur. De la otra, las intervenciones de Ochoa para cerrar el paso a un fusilamiento de Quaresma, a un cuasi-autogol de Salcedo, y, ya cerca del final, a un cabezazo de Silva.

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A partir de que también en el futbol hay castas, de que Portugal tiene frescos aún sus blasones como campeón de la Eurocopa 2016, y de que tiene entre sus filas a uno de los mejores jugadores de la última década, es de elemental justicia reconocer que el “Tri” jugó sin complejos.

Aun admitiendo que Portugal renunciaba deliberadamente a la posesión de la pelota, a partir de la premisa de que la ofensiva mexicana no se distingue precisamente por su contundencia, no obstante la presencia de los “europeos” Vela, Jiménez y “Chicharito”, en el partido de ayer resplandecieron las mismas cualidades que el seleccionado mexicano ha mostrado en los partidos de la eliminatoria mundialista (donde, como es del conocimiento público, lleva un récord casi perfecto).

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El “Tri”, en efecto, sin estar exento de desaciertos individuales, ha dejado constancia, como equipo, de virtudes colectivas nada despreciables: disciplina táctica, espíritu de sacrificio, esfuerzo continuado y solidaridad indeclinable.

Así, aunque pagó, al precio de los sobresaltos, los errores de Salcedo y Herrera en los goles lusos y los del “Chicharito” y Gio en las mejores oportunidades que tuvo de alzarse con la victoria, el seleccionado mexicano demostró, al debutar con un empate que bien puede calificarse de agridulce, que tiene condiciones para ser más, mucho más que un convidado de piedra, en la Copa Confederaciones.

Jaime García Elías

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