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Guillermo Dellamary
JUN 15 2017
Misiva

Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

El poder de la codicia

Uno de los motivos básicos para caer en la tentación de la corrupción es la codicia, es decir el deseo de aspirar a cada vez más cosas.

En pocas palabras, no estar ni conforme ni satisfecho con lo que se tiene, y peor aún, tener envidia por lo que otros si tienen.

La codicia es pariente de la ambición, la gran diferencia está en que la primera incita a que lo consigas a como dé lugar, y la segunda por medio del esfuerzo y medios lícitos.

Estamos de acuerdo en que alguien aspire a prosperar y a conquistar merecidas y mejores posiciones en la vida; pero no a costa de los demás.

Una persona que se queda atrapada en el motor de la codicia, es muy posible que desemboque en intentar conseguir sus deseos a base de la corrupción.

Por eso es una fuerza que impulsa a hacer lo que sea, con tal de conquistar lo que uno se propone.

Casi todos los corruptos tienen un cerebro lleno de codicia y están determinados a lograr lo que se proponen.

La manera de lograrlo no importa tanto, lo que más les preocupa es obtenerlo. Desde escalar posiciones sociales y sobre todo laborales, hasta por supuesto que hacer mucho dinero. Y de ser posible acumular un patrimonio inmenso. No importa para qué, lo fundamental es que se sienta uno exitoso y triunfador. Que los demás te admiren y reconozcan lo inteligente y astuto que resultaste en la vida.

Querer más y más, sin sentido alguno, muy parecido y cercano al avaro, que acumulan y acumulan sin ni siquiera darle sentido a lo que consiguen, es tener por tener.

La vida del codicioso es muy frustrante, pues a la larga nunca está satisfecho con lo que tiene, le parece que aún puede lograr más. Y mientras tanto el gozo por las cosas que ya posee, se le escurren de las manos.

Conquista y deja lo que tiene, por ir en pos de algo que considera mejor.

Y lo peor del caso es que está dispuesto a muchas cosas, incluso las negativas e ilegales, con tal de regodearse con sus triunfos.

Escalar las clases sociales es una de sus principales codicias, no le gusta quedarse dónde está, le puede dar hasta vergüenza su origen.

Pero lo mismo puede ser a nivel intelectual, desde plagiarse trabajos hasta aparentar que sabe, con tal de destacar, cuando en realidad es un mediocre inconforme, pero con mucha codicia.

Por eso señalaba San Agustín, que detrás del pecado de la soberbia están la codicia y la envidia.

 

Guillermo Dellamary

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