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Rubén Martín
JUN 10 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

El dinosaurio y la botarga

El cartón es genial: en el primer recuadro aparece el candidato priista al Estado de México, Alfredo del Mazo, en el segundo se va quintando la máscara y en el tercero aparece el rostro de un dinosaurio; en las siguientes imágenes el personaje se quita la botarga para quedar en realidad como es: un dinosaurio. La caricatura es Alarcón y apareció en el diario El Financiero. Desde la ironía, el cartón muestra claramente la realidad política del país: Del Mazo no era el candidato, sino la botarga, el dinosaurio no es la botarga, sino el verdadero sujeto de la clase política mexicana.

Este y otros cartones de los geniales moneros están contando mejor la realidad del país que las sesudas tertulias de analistas políticos que inundan la televisión mexicana.

Las fraudulentas elecciones del domingo 5 de junio confirman que las viejas y nuevas prácticas priistas de defraudación electoral, tanto del PRI, como otros partidos muestran que la supuesta transición a la democracia, iniciada a fines del siglo pasado, es un mito. Ni el PRI se convirtió en un partido renovado con una nueva clase política como lo demuestran Enrique Peña Nieto y la generación de gobernadores “del cambio”, hoy presos o prófugos de la justicia. Tampoco es que el sistema político haya enterrado su viejo autoritarismo para transitar hacia la democracia. Es un mito, una ilusión tratada de sostener con un costoso y enorme aparato electoral.

A partir de grandes fraudes cometidos por el viejo autoritarismo priista, cuya culminación fue la usurpación de la voluntad popular y el robo de la presidencia en 1988 para imponer a Carlos Salinas, los mexicanos invertimos cuantiosos recursos emocionales, de trabajo y económicos para alcanzar un sistema político parecido a las democracias maduras de Occidente, según la narrativa de los intelectuales liberales afines al régimen.

Treinta años después del megafraude de 1988, de una decena de reformas político-electorales, de canalización de energía de transformación social mediante elecciones y partidos, los descarados fraudes del domingo pasado y las prácticas corruptas y de defraudación electoral del PRI-Gobierno nos hacen confirmar que todo ese esfuerzo hecho por un par de generaciones ilusionados con la democracia liberal se ha ido a la basura.

Las burdas maniobras fraudulentas y criminales utilizadas por el PRI y el sistema político revelan su objetivo: se empeñan en retener esa Entidad porque es la manera de seguir manteniendo un sistema político-criminal que les permite hacer sus grandes negocios y proteger los intereses de corporaciones legales e ilegales que se benefician del sistema.

Entretanto, la ira se acumula y se cierra el horizonte a la gente que todavía cree que las elecciones son la vía para cambiar las cosas en este país. Parece que se les quiere conducir hacia salidas desesperadas o incluso armadas, y así tener el pretexto para reprimir y acabar con estas inconformidades. Por eso es tan importante la iniciativa propuesta desde pueblos y comunidades indígenas de integrar un Concejo Indígena de Gobierno que no piensa que el voto sea la salida para cambiar las cosas en este país, sino la rabia organizada para ir tomando el Gobierno de sus vidas en sus manos.

Rubén Martín

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