Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
MAY 29 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* ¡…y van 12!

¡Y llegó el duodécimo…!

Contra el escepticismo de los entendidos; contra las previsiones de la mayoría de los observadores; contra los temores de sus propios simpatizantes, de que se repitiera la historia del partido de ida, cuando el Guadalajara no supo conservar la ventaja de 2-0 que llegó a tener en el marcador, todas las dudas se diluyeron; todos los fantasmas se desvanecieron esta vez.

El equipo más popular de México regaló a sus legiones de seguidores la mayor alegría de los últimos años. Acrecentó su cosecha de títulos, y, de paso, alcanzó al América —en el año del centenario del archiadversario deportivo, para más inri— como el mayor ganador de campeonatos en el futbol mexicano.

*

Más allá de la forma en que se desarrolló la batalla decisiva de la guerra que fue el Torneo de Clausura 2017, se impone subrayar que esta coronación del Guadalajara es particularmente significativa…

Se dio apenas un año después de que las “Chivas” vivieran la experiencia poco usual de debatirse en las zonas del tabulador en que aterra la amenaza del descenso. Y se dio en una época en que —cuestiones de malinchismo aparte— se consideraba que las perspectivas de un equipo integrado exclusivamente por jugadores mexicanos eran muy reducidas, dadas las ventajas que todos los demás equipos tienen, de incorporar a sus plantillas e incluso de integrar sus alineaciones con la presencia mayoritaria de jugadores extranjeros.

Por encima del bagaje futbolístico de sus jugadores, pues, este título tiene un valor de uso extraordinario: revaluar al futbolista mexicano; salir al paso del complejo de inferioridad que en ese aspecto pudiera prevalecer.

*

En cuanto a las circunstancias en que se dio el triunfo definitivo, se impone poner el acento en la aplicación que tuvieron los rayados, primero, para hacer de nuevo, como el jueves en Monterrey, un partido casi perfecto a la defensiva, y, a continuación, para porfiar en la ofensiva. Esto propició las dos anotaciones que resultarían determinantes, especialmente porque modificaron el libreto que los “Tigres” —en concordancia, quizá, con la mayoría de los “expertos”— traían preparado: la hipótesis de su superioridad en lo individual y en lo colectivo.

A medida que el Guadalajara crecía en lo anímico y en lo futbolístico, los “Tigres” perdían la cabeza, perdían el orden, perdían el partido… y perdían el campeonato.

Colofón: ganó el mejor… ¡y ganó el futbol!

Jaime García Elías

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