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Jaime García Elías
MAY 18 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Rulfo

“Lo cortés no quita lo valiente”, reza el adagio. “Ni lo justo”, podría agregarse…

Un asunto que, aun planteado con cierto retraso, viene a cuento por la paradoja de que, en plena celebración del centenario del nacimiento de Juan Rulfo, tanto el nombre como la correspondiente estatua del mejor escritor que Jalisco ha dado al mundo –y, por ende, uno de los jaliscienses más ilustres que haya habido—, en la Rotonda en que se pretende honrar la memoria de los más esclarecidos hijos de esta tierra, brillan por su ausencia.

-II-

Conformes: si, en su momento, la viuda y los hijos del renombrado escritor, oriundo de Sayula, externaron su oposición a que los restos del padre literario de Pedro Páramo y muchos personajes más fueran depositados en la Rotonda, obligaba respetar tal decisión. El propio Rulfo, muy probablemente, aún en vida, a sabiendas de que, llegado el momento, una iniciativa gubernamental en ese sentido era previsible, debió dar instrucciones al respecto.

Quienes tuvieron el privilegio de tratarlo, lo recuerdan como un hombre taciturno, un tanto huraño, reacio al oropel y a la saliva endulzada de los homenajes. Si algunos cuentos de “El Llano en Llamas” prodigan punzantes ironías acerca de la venalidad y la verborrea de los políticos, se infiere que Rulfo intuía la incomodidad y aun el oprobio que le hubieran reportado los discursos que algunos políticos, insensibles, incultos e ignorantes –perdón por el pleonasmo—, pronunciaran, a tropezones, en alguno de los homenajes luctuosos que le dedicaran.

-III-

Así pues, si las intentonas de algunos personajes de la vida pública por suavizar la decisión de los deudos de Rulfo de no permitir que sus restos fueran sepultados en la Rotonda, se impone plantear qué razón válida habría para que no se coloque, al menos, una estatua del escritor en ese espacio.

Resulta chocante que no haya una respuesta razonable para la pregunta que se hacen muchos turistas y visitantes del jardín en que se pretende honrar a los hijos más ilustres de Jalisco:

–¿Por qué no está aquí el más ilustre de todos…?

Y resultaría aún más chocante responder con una variante a la respuesta que el arzobispo José Garibi Rivera dio al gobernador Jesús González Gallo cuando éste le planteó la pertinencia de que Fray Antonio Alcalde recibiera la distinción de ser el primer inquilino de la Rotonda:

–Porque el propio Rulfo decidió que no quería estar, después de muerto, en malas compañías…

Jaime García Elías

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