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MAY 18 2017
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“La fábrica” y otros encuentros con desconocidos

Por Iván González Vega

Sobre el teatro se puede decir una cantidad abominable de cursilerías, que arruinan su mejor secreto: vamos a las funciones a ver un espectáculo y salimos tocados por algo que había más allá de él. Por estos días, en un taller, la actriz y directora tapatía Susana Romo lo define como “encontrarse con otros”; el prominente Luis de Tavira vino a la ciudad y lo definió como el arte en donde podemos “reunirnos”.

Muchos teatreros, por ejemplo, se sienten convocados por la preocupación que concita el asesinato del periodista Javier Valdez Cárdenas, en Culiacán, y en general por la violencia y la inseguridad que denuncian las ciudades mexicanas. Ocurre que el teatro es territorio de la denuncia social (como también puede serlo para loar canallas, por supuesto) porque su espacio natural es, como dicen Romo o De Tavira, el del contacto “en vivo y en directo” con otras personas. El teatro reclama que uno esté dispuesto a vivir junto al otro, a veces para entretenerse, a veces para experimentar sensibles catarsis.

En las funciones de “La fábrica (Memorias de la línea)”, un trabajo tapatío de teatro documental de Bazar Teatro que ojalá tenga una nueva temporada pronto, eso ocurre. El espectáculo recupera una memoria sobre la fábrica de Calzado Canadá que funcionó hasta los años noventa en González Gallo. Sus momentos más emocionantes podrían ser las entrevistas a exempleados grabadas en video, pero hay algo más: los intérpretes le preguntan al público si alguien tiene algo que decir. Y sí: somos tapatíos y nos reconocemos igualados al menos por aquellos recuerdos. A la función del domingo 13 de mayo asistieron al menos dos personas con parientes que trabajaron en aquella fábrica; tenían mucho que decir y sus imprevistas palabras produjeron pasmo y tristeza y risas y preocupación y hasta un poco de coraje por cómo es la vida en nuestra ciudad, por cómo maltrató el tiempo a algunas personas y por cómo pinta el futuro para los demás.

Lo que pasa, por ejemplo, cuando alguien del público levanta la voz, es lo que es el teatro; y puede tocar a cualquier persona, a cualquier tapatío. Hay muchas oportunidades de experimentarlo este mes, en Guadalajara. No es que vaya a hacernos mejores personas, pero pasan cosas interesantes cuando nos reunimos con desconocidos y nos permitimos escucharlos. Mientras vuelve “La fábrica” hay más obras donde usted podría encontrar esto.

Si acepta la invitación, un favor, nomás: apague su celular durante ese rato.

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