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Rubén Martín
MAY 17 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Una guerra, una resistencia

Nos mataron a Javier Valdez en Culiacán y otra vez la rabia, la indignación, nos embarga. Ayer mismo, nos damos cuenta de que la guerra también tira zarpazos en Jalisco. En Autlán, fue atacada Sonia Córdova, subdirectora comercial del semanario El Costeño, y su hijo Héctor Jonathan Rodríguez Córdova, de 26 años. La madre sobrevivió, el hijo cayó muerto en el mismo lugar del ataque. Los ataques contra los periodistas no cesan, y por tanto, se sigue engrosando la lista de los trabajadores de medios asesinados.

Apenas la semana pasada nos mataron a Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez la noche del 10 de mayo en San Fernando, Tamaulipas. Miriam Rodríguez era una madre que sufrió el secuestro de su hija en 2012 y la desdicha de encontrarla enterrada en una fosa clandestina dos años después. Miriam Rodríguez colaboró en la fundación de una organización de familiares que buscan a sus desaparecidos. Las organizaciones que buscan a sus desaparecidos tienen su propia lista de madres y padres asesinados mientras buscaban a sus hijos.

En enero conocimos que la guerra arrebató la vida a Isidro Baldenegro, un líder de la comunidad de Coloradas de la Virgen, en Chihuahua. Varios grupos tienen una lista de defensores del territorio que han caído asesinados en años recientes.

La guerra nos ataca a todos y nuestra respuesta es fragmentada. Tenemos un listado de periodistas asesinados, otro de madres y padres que buscan a sus hijos, otro de defensores del territorio y de los derechos, y uno más de mujeres feministas o activistas de la diversidad sexual. Está bien que cada comunidad recuerde a sus caídos y que los mantenga en la memoria.

Pero si queremos realmente detener esta guerra, es necesario reconocer que todos somos objetivos de esta guerra en México, y debemos unificar las listas para pelear juntos y detenerla. Son muchos los que se niegan a reconocer que vivimos en una situación de guerra, que no es el combate contra el crimen organizado como se pretende hacer creer, sino que es una confrontación de los poderes establecidos en contra de la sociedad.

Miquel Amorós, el historiador y pensador anarquista catalán dice que “El principio del beneficio privado como norma fundamental de funcionamiento social es el causante de esta guerra”. De ese modo se explica la violencia desmesurada que se vive en el país, pues lo poderes establecidos declaran la guerra contra todo lo que obstaculiza la realización inmediata del beneficio privado (la acumulación de capital), ya sea la naturaleza, el territorio, la tradición o las mismísimas relaciones sociales.

Alguna vez un reportaje periodístico puede interponerse en la realización de negocios del capital ilegal, un dirigente indígena entorpece un negocio minero, una denuncia feminista descubre un negocio de trata de personas y así todos se ponen en la mira de quienes tienen los medios de desplegar la violencia. Está bien que los periodistas salgamos a la calle y que tal vez hagamos un paro nacional de labores. Pero si realmente queremos parar esta guerra, necesitamos unificar todas las listas de los caídos y dar una batalla contra quienes nos atacan. No será sencillo, pero es una tarea, literalmente, de vida o muerte.

Rubén Martín

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