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Jaime García Elías
MAY 17 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Muertes injustas

Al lado del cabezal de La Jornada en Línea, el martes, apareció un moño negro. En el editorial -dedicado al asesinato, la víspera, del periodista Javier Valdez Cárdenas- destacaba una amarga, rotunda, incontrovertible reflexión: “Matar a un periodista, a una mujer, a un defensor de derechos humanos, a un ciudadano cualquiera, se ha vuelto -en México, vale puntualizar- una actividad de muy bajo riesgo, porque, según toda evidencia, en las instancias de Gobierno, estatales y federales, la determinación de hacer justicia es meramente declarativa”.

-II-

Por supuesto, no es el caso de incurrir en generalizaciones fáciles e insostenibles. Sostener, como si de un axioma se tratara, que “matar un periodista es matar a la verdad”, equivale a canonizar a quienes ejercen el oficio periodístico; a pretender que todos los profesionales de la comunicación son apóstoles de la verdad; a soslayar que en un gremio en que no se desperdicia ninguna ocasión para enaltecer la veracidad, la honestidad y la valentía como valores supremos, también hay quienes prostituyen y corrompen la profesión; granujas que utilizan la cercanía con el poder para lucrar y medrar en detrimento del compromiso moral con el oficio, con el medio y con la sociedad.

Crímenes como el de Javier Valdez y probablemente como varios más de los seis que este año han ocurrido en circunstancias trágicas y de los 120 registrados, sólo en México, en lo que va del siglo, apuntan a un móvil: acallar sus voces; impedir que ahonden en sus investigaciones acerca de las ramificaciones de la delincuencia organizada y de su complicidad con las autoridades; enviar a otros comunicadores el mensaje de que, actuando así -para decirlo coloquialmente- “le están buscando tres pies al gato”.

-III-

Las presiones de los medios, del gremio, de un amplio sector de la sociedad, de organismos internacionales (la Unesco, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos…), de prestigiosos medios de comunicación y aun de los gobiernos de varios países, han tenido consecuencias; por ejemplo, la decisión de la Secretaría de Gobernación y la Conferencia Nacional de Gobernadores, anunciada ayer, de tomar medidas orientadas a “garantizar la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas”.

“De los periodistas…” Aun si se tratara, excepcionalmente, de algo más que una intención meramente declarativa -como apuntó el editorial citado líneas arriba-, ¿qué con la seguridad, no menos respetable, de las mujeres, de los “ciudadanos cualquiera” cuyas muertes injustas quedan impunes…?

Jaime García Elías

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