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Diego Petersen
MAY 17 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Letras contra balas

Las cifras no pueden ser más dolorosas: de los 45 asesinatos de periodistas en el sexenio de Peña Nieto no se ha resuelto uno solo. Balas 45; letras cero. La goliza es descomunal, como descomunal es la impunidad en este país.

Cualquiera puede alegar, con razón, que la impunidad de los crímenes a los periodistas no es distinta a la de los crímenes de todo tipo. Tampoco se busca a los desaparecidos, ni se investigan los homicidios, ni se resuelven los robos, ni se detiene a secuestradores, ni se procesa a los corruptos. Nueve de cada diez delitos no se procesan; 999 de cada mil quedan impunes. Las cárceles están llenas, es cierto, pero la mitad de los detenidos por crimen organizado en realidad lo están por posesión de mariguana. Vivimos en el mundo al revés: metemos a las cárceles a quienes en el peor de los casos deberían recibir una multa, pero nunca detenemos a quienes han sido responsables de decenas de miles de muertos en la última década (y cuando van a la cárcel es para seguir delinquiendo desde ahí).

Se creó una Fiscalía Especial para Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (el nombre es pomposo y las siglas espantosas: FEADLE) que no ha servido para nada. Se requiere mucha ingenuidad, y ganas de creer para pensar que de una Procuraduría que no investiga ni resuelve nada iba a salir una Fiscalía ágil, inteligente y expedita. El hijo del tigre nació, pues, rayadito: se han gastado 154 millones de pesos desde el momento de su creación y la Fiscalía no ha servido siquiera para tener al día los datos de los ataques contra periodistas, no digamos para resolver un solo caso.

Las balas siguen ganando terreno en nuestra sociedad. Nos hemos acostumbrado a su voz y hemos reconocido su lenguaje como idioma oficial. Todos sabemos leer un tiro de gracia, un descuartizado, un encobijado, etcétera. Son signos que el narco ha terminado por imponer: es el idioma de la violencia. Las letras van atrás. Cada día tienen menos importancia. Su voz se opaca ante el estruendo de las balas, ante lo inasible de una realidad que nos rebasa, ante la impotencia que genera la impunidad.

A pesar de la goliza, de lo desigual del marcador, de la amenaza de los cañones, lo único que nos puede salvar de las balas son las letras: hablar, escribir gritar, reclamar. Conocernos y reconocernos como país solo lo haremos conquistando la palabra, imponiendo el lenguaje de la razón, gritando, con todas sus letras, el sentimiento de dolor, exigiendo nuestros derechos, escribiendo con libertad.

Diego Petersen

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