Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
MAY 16 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Transporte digno

El papel aguanta todo. En el papel, las medidas que hasta ahora se han implementado para mejorar el transporte público en la Zona Metropolitana de Guadalajara se traducirán en infinidad de beneficios para los usuarios del sistema… y para los no usuarios también. Para los primeros, porque se supone que la sustitución del esquema del hombre-camión por el de la cacareada ruta-empresa, repercutirá, ipso facto, en una mejoría significativa del servicio: unidades renovadas, más confortables, mejor equipadas, y conductores que serán más prudentes en el manejo de las unidades y más amables en el trato de los pasajeros, a medida que las modificaciones en las rutas y en el sistema operativo reduzcan las “corretizas” en las calles. Para los segundos, porque se supone (“y seguimos con los supositorios”, decían las abuelas) que una de las consecuencias previsibles de la mejoría en el transporte público será la gradual migración de un porcentaje significativo de usuarios del automóvil particular al susodicho transporte público.

Todo eso, reiterémoslo, en el papel…

-II-

En la práctica, habrá que ver cuánto tiempo les dura a los concesionarios el entusiasmo por mantener las unidades en las condiciones de limpieza, eficiencia y decoro que exhiben las que comenzaron a circular por la primera de las 18 rutas troncales y –se pretende— las casi dos mil que circularán cuando estén en operación la totalidad de las mismas. Si, de entrada, se pretende que ninguna de las nuevas unidades supere los tres años de antigüedad, habrá que ver si se retiran de la circulación dentro de tres años las que hoy invitarían a pensar a quienes aún se chupan el dedo, que ya corresponden al pasado los tiempos en que el transporte público de Guadalajara fluctuaba entre lo indigno, lo ineficiente y lo decididamente calamitoso.

Convengamos, por lo demás, en que las medidas que se toman para reordenar las rutas, modernizar el parque vehicular, generar mejores condiciones para que los conductores dejen de comportarse como cavernícolas y pasen a hacerlo como personas decentes, y dignificar, en fin, el servicio, son encomiables.

Falta que ni las autoridades, tan veleidosas, ni los concesionarios, tan centaveros, quiten el dedo del renglón… Y falta que el tiempo haga el resto del milagro, ya que modificar inercias históricas –convencer a los usuarios del automóvil particular de que el transporte público es una opción conveniente desde cualquier punto de vista— es una de las cosas más difíciles que hay en este mundo.

Jaime García Elías

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