Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
MAY 15 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Faltó grandeza

Bien dicen que “El que a poco aspira, poco merece”.

Por ejemplo, ayer, el Atlas…

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Era, a partir de lo ocurrido en el partido de ida, el tema obligado en el estadio de las “Chivas” y los mentideros futbolísticos de todo el país: “Si el Atlas anota un gol, obliga al Guadalajara a anotar tres”.

Lo sabían los rojinegros. Lo sabían los rojiblancos. Lo sabía, por supuesto, el “Profe” Cruz… Sin embargo, el técnico atlista apostó, en primera instancia, a que las limitaciones ofensivas mostradas por los rayados a últimas fechas —sólo anotaron dos goles en sus últimas cinco apariciones— se prolongara un rato más.

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Convencido —o anhelante, al menos— de que así sucedería, Cruz tomó una decisión que de inmediato le ganó un aluvión de críticas. Dejar a Alustiza en la banca representaba no sólo sacrificar su mejor pieza ofensiva, sino supeditar el resultado a la remota posibilidad, primero, de que su propio equipo, circunscrito a defender, hiciera el partido perfecto; y segundo, de que el rival no tuviera ningún acierto.

Ninguna de las dos premisas se cumplió. El Guadalajara contó con el golpe de inspiración de Pineda, de llegar hasta el área chica en un tiro de esquina, lo que le permitió desviar, anticipándose a Fraga, el remate de Alanís. Y el error lo aportó Aboagye, al quedarse “colgado” cerca de la esquina, sin dar el paso al frente que hubiera bastado para dejar a Orbelín en fuera de lugar.

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Cuando el “Profe” Cruz quiso rectificar, el daño ya estaba hecho. La decisión de poner a Alustiza —en reemplazo de Robles— fue compensada por Matías Almeyda con el cambio de Pérez por “Chofis” López. Así, aunque el Atlas amenazó tres veces —en sendos tiros de esquina de Reyes por la izquierda, con remates en los que faltó fortuna—, el Guadalajara se adueñó tácticamente del partido en el segundo tiempo, y estuvo más cerca de hacer el segundo gol, que los rojinegros de conseguir el que hubiera obligado  a las “Chivas” a conseguir un resultado como el de la fecha 13 ante el Puebla.

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Al final del cuento, pues, quedó la sensación de que al Atlas le faltó grandeza; de que le faltó ambición; de que no tuvo recursos para hacer efectivo su proyecto… Y de que su técnico, muy particularmente, decidió jugar con fuego… y acabó quemado.

Jaime García Elías

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