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Diego Petersen
MAY 15 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Cesjal no, ¿qué sí?

El Cesjal nació torcido y sólo sirve para columpio de políticos y, o lo refundamos o lo refundimos, comentamos la semana pasada. En el inter, algunas instituciones han ido manifestando su postura. Algunos como la UdeG proponen revisarlo, pero mantener su existencia pues, dicen, el Consejo Económico Social sigue siendo pertinente. Los Comerciantes e Industriales han mantenido una posición más bien ambigua, y las organizaciones obreras y campesinas, en un reflejo pavloviano, simplemente dieron el espaldarazo al líder (seguramente con la condición de que alguien más corriera con los gastos del desplegado) con lo que confirmaron que, efectivamente, el Cesjal es una institución que representa a la perfección el corporativismo del siglo pasado.

Si el Cesjal no ha funcionado y no ha hecho un solo aporte significativo en 12 años por qué habríamos de esperar que en el futuro lo haga. No es una cuestión de quién lo dirija, es un problema de diseño institucional (El investigador del Colegio de Jalisco, Juan Manuel Ramírez Saiz, publicó en 2012, cuando estaba en la planta de investigadores del ITESO, un excelente análisis sobre el fracaso del Cesjal: La gobernanza y el Consejo Económico y Social de Jalisco. Se puede encontrar en la página investigacionpolitica.iteso.mx).

El que el Cesjal no funcione no quiere decir que no necesitemos mecanismos e instituciones de gobernanza modernos; al contrario, cada vez es más evidente que son pertinentes y urgentes. Ya no debemos pensar en mecanismos informales, añorados aún por algunos políticos, como las reuniones de liderazgos de facto de mediados del siglo XX que Fernando M. González bautizó atinadamente como La pax galliana; ni en acuerdos entre gobierno y cúpulas obreras y empresariales, pues hoy las discusiones, los intereses y las movilizaciones pasan por otros mecanismos mucho más democráticos y, por lo mismo, terriblemente más complejos.

Jalisco necesita instituciones que, desde la sociedad civil, vigilen que los intereses de Jalisco y la visión de futuro prevalezcan sobre la coyuntura y los caprichos políticos, que poco o nada tienen que ver con quién gobierno, sino la naturaleza misma de la política. La crisis del Cesjal es una extraordinaria oportunidad para generar un mecanismo de gobernanza real, que nos ayude a darle rumbo y certeza de futuro a Jalisco. Hace seis años, 100 ciudadanos, entre ellos el gobernador y los presidentes municipales de Guadalajara y Zapopan, firmamos un acuerdo para crear este organismo de planeación como un organismo de Estado y no de gobierno. Recuperemos esa discusión y hagamos del problema una virtud.

Diego Petersen

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