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Luis Ernesto Salomón
MAY 14 2017
Clave

Por Luis Ernesto Salomón luisernestosalomon@gmail.com

Trump y Nixon

La interferencia en asuntos electorales llevó a Richard Nixon a una situación sin salida que lo obligó a dejar la presidencia de los Estados Unidos. El caso Watergate se convirtió en un símbolo de la defensa de las instituciones constitucionales de aquella nación. En los últimos días se ha publicado una gran cantidad de comentarios respecto al posible paralelismo respecto a la actitud de Donald Trump al despedir al señor Comey de su puesto de director del FBI.

Vale la pena recordar que ambos asuntos comenzaron con la presunción de que la presidencia había interferido para favorecer un resultado electoral. En el caso de Nixon la situación se complicó para el Ejecutivo al destituir al fiscal especial nombrado para investigar el caso. Ahora aunque no hay un agente designado, la presunción de que el director tenía elementos para investigar al presidente, y la actitud de Trump de amenazarle después de despedirlo han creado una ola de especulaciones de tal medida que muchos representantes y senadores están exigiendo que se constituya una comisión especial para averiguar la posible intromisión rusa en la elección presidencial.

La situación ahora parece aún más grave que en el caso de Nixon porque se trata no sólo de una interferencia electoral, sino de la participación de una potencia extranjera en ella. Además, como en el caso de Nixon, pareciera que la actuación está dirigida a distraer y potencialmente diversa u obstruir una posible investigación sobre los nexos de la campaña con los intereses externos.

Sin embargo, ahora la actuación de los líderes políticos ha sido menos valiente de lo que fueron los representantes y senadores republicanos de aquel entonces. El papel de la prensa en ambos casos ha sido crucial, primero para ventilar los hechos y luego para avanzar mediante filtraciones e investigación.

Parece que el caso de Comey se ha convertido en el principio de una serie de acciones que colocan al presidente Trump en una situación comprometida. Algunos afirman que puede ser el principio del fin, otros que se trata solamente de una lucha política más. Pero lo cierto es que para bien o para mal, la situación debilita al presidente e influye en la agenda legislativa y en las decisiones políticas y económicas, incluyendo las relaciones con México.

La inestabilidad en Washington no es una buena noticia para los intereses de nuestro país, dado que se espera la apertura de las negociaciones del TLC y una revisión de la relación bilateral en todos sus términos. El canciller y diversos secretarios estarán de visita en Estados Unidos en la próxima semana y se enfrentarán al oleaje que produce la crisis de la trama rusa.

La lucha política que ha iniciado puede conducir a una crisis de consecuencias insospechadas, o simplemente ser un capítulo más de las disputas internas de nuestros vecinos; pero en todo caso, a México le corresponde ahora no solamente estar atento, sino actuar para que los aliados económicos y políticos que actúan allá, puedan hacerse ir de mejor manera. Ante el torbellino corresponde hacer más México en Estados Unidos.

El fenómeno Trump, aunque terminará como Nixon, ha dado una nueva dimensión a las relaciones entre las dos naciones.

Luis Ernesto Salomón

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