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Rubén Martín
MAY 13 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Madres y padres doblemente muertos

Sus asesinos, seguramente, no escogieron el día al azar: Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez fue asesinada la noche del 10 de mayo en su domicilio en San Fernando, Tamaulipas. Sus victimarios le dispararon 16 veces; falleció camino al hospital. Como todos los padres que sufren las desapariciones, la vida de Miriam Rodríguez dio un vuelco en 2012 cuando un grupo de 16 personas, presuntos Zetas, le secuestraron a su hija Karen Alejandra Salinas. La madre encontró a su hija, enterrada en una fosa clandestina dos años después de su secuestro.

Pero nunca se cruzó de brazos, las crónicas de su lucha dan cuenta de que hizo todo lo posible para detener a los secuestradores de su hija y que incluso ella misma detuvo a tres. Miriam Rodríguez ayudó a fundar la Comunidad Ciudadana en Búsqueda de Desaparecidos de Tamaulipas que agrupa a 600 familias. Esta agrupación y las de todo el país lamentaron su asesinato. Un asesinato que pudo ser evitado si se hubieran atendido las exigencias de seguridad que Miriam Rodríguez había solicitado a las autoridades debido a las constantes amenazas en su contra.

Lamentablemente no es el único caso de una madre o un padre que son asesinados en la búsqueda de sus hijos. El 21 de junio de 2016, fue asesinado en Poza Rica, Jesús Jiménez Gaona, un padre que buscaba a su hija Jenny, desaparecida junto a otras tres personas en 2011. Son asesinatos que ocurren a plena luz del día, con total impunidad, como si los sicarios no tuvieran miedo de ser vistos.

Así ocurrió el asesinato de Marisela Escobedo, de un tiro en la cabeza, el 18 de junio de 2010 frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, donde protestaba por la liberación del asesino de su hija. También a plena luz del día fue asesinado Nepomuceno Moreno Núñez, en Hermosillo, Sonora al reclamar la presentación con vida de su hijo de 17 años, desaparecido en julio de 2010.

La lista de madres y padres asesinados en la lucha por buscar a sus hijos es enorme. El 12 de mayo se cumplieron tres años de Sandra Luz Hernández fuera asesinada en Culiacán, Sinaloa. Un sicario, aparentemente relacionado con el secuestro de su hijo Edgar García, le disparó quince balas. “Ocho días después, el 20 de mayo de 2014, la Procuraduría de Justicia de Sinaloa capturó a Jesús Fernando Valenzuela, quien en su primera declaración ministerial reconoció haber cometido el homicidio, y admitió también que el crimen fue cometido porque Sandra Luz lo ‘presionaba’ para que revelara el destino de su hijo Edgar” (Animal Político, 13 abril 2015). A pesar de ser asesino confeso, en marzo de 2015 un juez lo liberó por falta de pruebas. Un hijo desaparecido, ella asesinada, y el asesino liberado por la justicia: esta es la realidad del país.

Los padres y madres que buscan a sus hijos, están en riesgo o son asesinados, mientras que quienes que desaparecen y matan, están libres e impunes.

De este modo, estos padres y madres sufren una doble muerte: cuando le desaparecen a sus hijos, y cuando las balas de los sicarios les quitan la vida. Debemos parar esta barbarie.

Rubén Martín

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