Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
MAY 12 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Puro maquillaje

Por supuesto, sería aberrante recriminar a las autoridades municipales el celo por la buena imagen de la ciudad que gobiernan. Si ellas no ponen la muestra en ese rubro, vanos serán los deseos de que los ciudadanos aporten su granito de arena a favor del decoro de la casa común.

Sin embargo…

-II-

Sin embargo, queda la sospecha de que los 10 millones de pesos que se invertirán en la primera etapa de la enésima intentona de “rehabilitar” el ahora denominado “paseo turístico del Centro Histórico”, recordarán el adagio de que “No hay peor negocio que bañar puercos: pierdes el agua, pierdes el jabón y pierdes el tiempo”.
Se pretende, según el anuncio, renovar el mobiliario urbano del Parque Morelos, la Plaza Tapatía y los alrededores del Mercado Libertad. La intención es adquirir bancas, renovar luminarias, instalar bolardos y habilitar “ciclopuertos”, a fin –se dijo textualmente– de que el denominado Centro Histórico (en el que, por cierto, no hay un solo vestigio de la fundación de la ciudad) “recupere su esplendor y sea un polo para atraer turismo”.

Aspirar a que la zona “recupere” su esplendor, es confesión implícita de que ese esplendor, hoy por hoy, no existe. El Centro de Guadalajara, a pesar de las obras de la Línea 3 el Tren Eléctrico Urbano que actualmente se realizan, sigue atrayendo visitantes, ciertamente. La Catedral, Palacio de Gobierno, la Rotonda, la Plaza de la Liberación, el Teatro Degollado y el ex Hospicio Cabañas son inmuebles de visita obligada…

Infelizmente, el hecho –como escribió algún cronista de la época– de que “la Plaza Tapatía (que data de casi medio siglo) hizo que San Juan de Dios saltara desde la Calzada Independencia hasta Federalismo”, modificó drásticamente el entorno. El Centro dejó de ser zona habitacional. Al transformarse en zona eminentemente comercial, en extensión de los mercados Libertad y Corona, concentró legiones de compradores y vendedores. Los vecinos huyeron. La zona se degradó. El deterioro de los inmuebles se aceleró. El esmero que tenían los moradores de la zona por mantenerla aseada, pulcra, digna, cedió su lugar al desdén de los visitantes ocasionales y al vandalismo de los vagabundos y malvivientes que pululan en el área.

-III-

Mientras no haya un proyecto orientado a repoblar el Centro –y, hasta donde se sabe, no lo hay–, las inversiones animadas por el buen deseo de “renovar la imagen” de la zona, servirán para maquillarla; no, como sería deseable, para mejorarla.

Jaime García Elías

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