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José M. Murià
MAY 12 2017
Replicando y en la procesión

Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

En el Día del Maestro

Nuestra generación creció en un ambiente en el que la figura del maestro era muy respetada, quizá porqué entonces sobrevivían muchos rescoldos y recuerdos de aquella heroica escuela rural mexicana que, con penurias y limitaciones extremas, realizó un enorme esfuerzo para llevar las primeras letras y las operaciones aritméticas fundamentales a rincones de insospechada marginación y abandono. Fueron tiempos en que la gente recibía ilusionada la construcción de un plantel y la llegada del mentor.

Cada Día del Maestro, por caso, en las calles y los caminos mexicanos pululaban niños y padres que llevaban con cariño presentes a sus profes, con frecuencia superiores a sus posibilidades. Era una jornada de abrazos y muestras de gratitud en prosa y en verso que pretendía recompensar el esfuerzo docente de todo el año.
Fueron tiempos en que México concretó grandes esfuerzos educativos que dieron pie al llamado “milagro” en el que nuestro país alcanzó niveles de crecimiento nunca antes vistos.

En cambio ahora, que en la mayor parte del país las escuelas no faltan ni los profesores tampoco, y que la profesión de docente se ha burocratizado y, en general, hemos perdido la mística de que educando engrandecíamos a la patria, incluso se ha puesto de moda el vituperio de los docentes y el menosprecio por su quehacer cotidiano.

Con casi dos sexenios del gobierno en manos de enemigos de la educación laica y popular establecida por la Constitución, nos ha tocado que incluso las autoridades en materia educativa se solacen públicamente vituperando al gremio magisterial en su conjunto.
 
No negamos que se puedan encontrar ejemplos que les den la razón, pero quienes hemos vividos inmersos en la docencia pública casi toda nuestra vida o estado muy cerca de ella y conocemos bien el terreno, por cada ejemplo nocivo que se nos pone al frente, nos faltan dedos para mencionar mentores verdaderamente admirables y venerables, con un recio compromiso educativo y social.

Otra variable que nos ha traído “el cambio” que se produjo en México en el año dos mil, al que Jalisco se adelantó todo un lamentable lustro, que en el fondo conservó intacto el detrimento socioeconómico de la sociedad y cada vez se ha puesto más al servicio de unos pocos el creciente y evidente deterioro de las mayorías, fue el rescate de aquel movimiento denominado “cristero” de los últimos años veinte y principios de los treinta, que en muchos sentidos significó una intentona de anular conquistas revolucionarias y de que se recuperara lo que había menguado de la fuerza del clero con el advenimiento de las Leyes de Reforma y del Estado Liberal mexicano.

Por fortuna, un conjunto de fuerzas magisteriales y políticas los paró en seco…

José M. Murià

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