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Diego Petersen
MAY 8 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Bullying y gobierno alfarista

He de confesar que no soy del Atlas y quizá por eso me dio mucha risa el video del Gobierno de Guadalajara en contra de la invasión de las banquetas. Es un cliché, sí, pero está bien logrado. Ser del Atlas en esta ciudad tiene muchas implicaciones, es una minoría orgullosa y que se presta para el bullying.

Al no pertenecer al sufrido grupo rojinegro no estoy en condiciones de decir si yo me hubiera ofendido por algo así. No soy azotado y creo que me hubiera gustado, pero ese no es el tema. Si algo he aprendido, después de muchos años en este oficio, es que la dinámica propia de la opinión periodística puede ofender más allá de lo que uno piensa o imagina, y por eso la regla de oro dice: “la ofensa la califica el que la recibe”. Esto es, si alguien se siente ofendido ahí termina la discusión y lo que toca es ofrecer disculpas. Punto. Lo mismo aplica para quienes ejercen el poder público. Discutir si la ofensa es real o no, si el tono es el correcto, si el contexto lo amerita, si hubo intención, no lleva a ningún lado, pues quien se siente ofendido no tiene por qué racionalizar ni entender nada; simple y llanamente se sintió ofendido.

En ese sentido creo que la respuesta inmediata del alcalde Enrique Alfaro ante el sentimiento de los atlistas fue correcta. Quizá el lenguaje no es el adecuado para una comunicación oficial. Otra vez, no soy yo el adecuando para hablar de malas palabras, pero entiendo que para muchos ciudadanos el exabrupto del alcalde pueda resultar incómodo o incluso más ofensivo que el propio video.

El tema de fondo es por qué pasan esas cosas en el ayuntamiento, por qué se comete un error de esa magnitud. Parte del éxito del equipo de Alfaro es su frescura, pero también su principal riesgo. Hacer las cosas de una manera distinta es lo que espera el electorado. Una parte del equipo, la cara soberbia del gobierno, son los que creen que antes de ellos todos eran tontos, rateros, torpes, faltos de imaginación. Son los que insisten, hasta la caricatura de si mismos, que cada movimiento, cada pequeño paso que dan, es “histórico” (aunque muchas veces sea solamente histérico). Otra parte del equipo es la que piensa que el éxito está en hacer cosas distintas, fuera del cuadro, y es la que corre este tipo de riesgos sin medir sus consecuencias.

Sería un error si Alfaro intenta meter a su equipo al huacal, si dejara de correr riesgos. Pero el equipo tiene que madurar y entender que a fin de cuentas del alcalde para abajo representan un poder, no a un grupo de cuates.

Diego Petersen

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