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Armando González Escoto
MAY 7 2017
Los colores del tiempo

Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

El civismo ‘oficial’

Con demasiada frecuencia la ideología mata la verdad histórica. Me explico. Entendamos aquí por ideología una reinterpretación de la realidad que de algún modo la modifica, la altera y hasta la suplanta en orden a intereses que son ajenos a los hechos históricos del pasado pero sirven a los intereses múltiples y diversos del presente. El calendario cívico de México y de tantos otros países está lleno de este tipo de manejos, orientados a recordar y celebrar lo que conviene y omitir o silenciar lo que pudiera ser cuestionante sobre todo para las instituciones vigentes, que son finalmente las que incurren en este tipo de acomodos.

Acaba de pasar el 5 de Mayo, ya casi sin pena ni gloria; otrora se recordaba en dicho día la llamada Batalla de Puebla, en que el ejército liberal ganó al francés, traído y respaldado por los conservadores, la primera jugada, uno de esos casos recurrentes en que se gana una batalla pero se pierde la guerra. Para resaltar este hecho se adujeron todo tipo de razones que ocultaban sin embargo un propósito ideológico, ignorar que el verdadero triunfo había sido ganar finalmente la Guerra de Intervención, y que ese mérito lo tuvo indiscutiblemente el general Porfirio Díaz Mori, en la célebre batalla del 2 de abril de 1867. Pero Porfirio Díaz por angas y mangas vino a ser posteriormente el pillo de la historia, y muy pillo debía de ser como para justificar su derrocamiento y el triunfo de los derrocadores, así como la forma en que se pagaron el servicio dado a la patria. A partir de ahí se olvidó el 2 de abril y se sobredimensionó el 5 de mayo.

Con esa misma catadura pasa desapercibido año tras año el nacimiento de la Nación Mexicana como estado independiente y soberano, lo cual sucedió el 27 de septiembre de 1821; nuevamente la ideología asesinando la verdad histórica, pues a los intereses de los nuevos amos de la escena mexicana no les funcionaba tener por héroe al consumador de la independencia, Agustín de Iturbide, máxime que ellos mismos habían decretado fusilarlo apenas se le volviese a ver por estas tierras, tal y como desde luego procedieron a hacerlo el 19 de julio de 1824, fecha y hecho borrados del civismo nacional, tal vez por haber sido tan terriblemente anticívico.

Hace cinco siglos, en 1517, tuvo lugar la primera exploración española que, procedente de Cuba, conoció y reconoció las costas de lo que hoy se llama México ¿a quién se le va a ocurrir recordarlo? Inmediatamente los tambores primitivos de la ideología enviarían la señal de alarma, se avivarían los complejos típicos de la idiosincrasia nacional, resucitarían los odios raciales y toda la parafernalia antigachupina que los ingleses y los norteamericanos han subvencionado tan generosamente desde hace siglos para bloquear cualquier asomo que nos lleve a la construcción de una memoria histórica fundada en la verdad, no en la ideología, madura y abierta a aceptar los hechos tal y como sucedieron, y sobre todo, abierta a integrar la multifactorialidad de nuestro pasado en una raíz común, reconciliada con la verdad y emancipada de las manipulaciones ideológicas.

 

armando.gon@univa.mx

Armando González Escoto

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