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Laura Castro Golarte
MAY 6 2017
Ciudad adentro

Por Laura Castro Golarte lauracastro05@gmail.com

Ya no es como antes

Los sindicatos ya no son como antes, cuando con el pretexto de proteger los derechos de los trabajadores amenazaban con huelga o paro e inmediatamente sus demandas eran atendidas. Esto estaba tan bien calculado que llegó a ser una obra de teatro con miles y miles de representaciones, pero por lo menos alguna ganancia para la clase trabajadora había: algún incremento salarial, alguna prestación recuperada, nueva o renovada, algo, lo que fuera que hiciera sentir que aquellos líderes sí se preocupaban por sus representados. Pero ya no.

Esta semana asistí a la presentación de una obra en dos tomos, una gran empresa en verdad, del Dr. Francisco Javier Aguilar García: El Estado mexicano, crecimiento económico y agrupaciones sindicales: del Porfirismo al periodo neoliberal en el siglo XXI editado por la UNAM. De entrada, la obra es útil y valiosa por el recuento de sexenios y administraciones del último siglo, poquito más, porque nos puede auxiliar en la ubicación de fechas, momentos y decisiones que aún ahora nos afectan, como la creación del IMSS o del Infonavit o de la introducción de los modelos de outsourcing… por ejemplo. Nos puede ayudar a identificar quién hizo qué, es decir, qué decisiones, leyes y medidas en materia laboral aprobó Cárdenas del Río o Miguel Alemán o Salinas o Peña Nieto incluso, a quien el autor le dedica el epílogo.

Mil 460 páginas en las que Aguilar se metió a fondo a investigar la situación laboral en México, cómo ha evolucionado o retrocedido; si ha mutado y la realidad de los sindicatos. En la presentación que fue en el CUCSH Belenes, participaron cinco académicos de la Universidad de Guadalajara con comentarios a las diferentes partes del trabajo.

Uno de los presentadores, el Dr. Jaime Tamayo, sociólogo especialista en temas políticos y de movimientos sociales, resumió en cuatro palabras lo que ha sucedido con los sindicatos en México en el periodo que se aborda en el libro: confrontación-cooptación-integración-sometimiento. Es fuerte, pero así es o ¿qué sindicato hoy en día, ya sea de trabajadores hijos de vecino o de empleados al servicio del Estado, burócratas pues, defiende los intereses correspondientes? ¿Qué sindicato ha negociado mejores condiciones laborales para los trabajadores mexicanos, los más trabajadores del mundo y que ni así les alcanza para vivir con holgura, con las necesidades básicas totalmente resueltas incluyendo la recreación, el vestido, la vivienda y la educación todo de calidad? ¿Cuál, quién? Desde hace algunos años, del periodo cuando en la presentación se dijo que los sindicatos “habían sido atacados” (léase gobiernos panistas) a la fecha, no ha pasado nada extraordinario con relación a las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, a su favor claro está, porque en contra, baste mencionar el gasolinazo que diluyó ipso facto el aumento “histórico” y “sin precedente” que había sido autorizado para el salario mínimo.

No, ya no es como antes. En la presentación del libro que comento se habló de conservadurismo, liberalismo, capitalismo y neoliberalismo, una sucesión de modelos económicos a los que México se ha sumado sin chistar y que en esencia, como han señalado algunos, nos han llevado a una especie de neoporfirismo que privilegia hoy en día a los más poderosos y a los más ricos, en detrimento de los que menos tienen y pagan porque pagan impuestos y todo lo que hay que pagar, es decir, una realidad muy parecida a la de finales del siglo XIX y principios del XX marcada por una desigualdad cada vez más profunda y criminal.

Y al decir ya no es como antes me refiero a los inicios del sindicalismo en México, quizá podríamos llegar, forzando un poco, a la mitad del siglo XX, pero una vez que se encumbraron y enriquecieron los líderes sindicales, pues ya no. Y de eso tenemos varios ejemplos contemporáneos porque además resulta que son longevos: Fidel Velázquez (y ahora vemos que no era de los peores), Jongitud Barrios, Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia y Carlos Romero Deschamps por mencionar a los de infausta memoria, vivos o fallecidos, fugados, asilados o encarcelados, pero sí, súper millonarios ellos y sus descendencias.

Al final de la presentación me quedó un saborcito amargo en la boca, muy desagradable: en realidad, salvo contadísimas y honrosas excepciones, los líderes sindicales y los gobiernos a los que se alían, han usado a los trabajadores como han querido, como carne de urna y/o como amenaza para obtener poder y privilegios personales.

Ya no es como antes… y eso que antes no era lo mejor.

Laura Castro Golarte

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