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José M. Murià
MAY 5 2017
Replicando y en la procesión

Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Luz y sombra del cinco de mayo de 1862

Para Enrique López Calva, poblano de los buenos

Una vieja canción recuerda con orgullo el hecho ocurrido en los cerros poblanos hace 155 años:

Al estallido del cañón mortífero                     
corrían los zuavos en gran confusión                       
y les gritaban todos los chinacos
¡Tengan traidores. Tengan su intervención!

Es un cariñoso recuerdo anónimo que vale tanto como el de Manuel Acuña, quien escribió muy buenos versos, sobre el hecho de que “el primero de los solados del orbe”

…se vio a correr obligado                                         
frente a un pueblo denodado                                     
que, para salvar tu nombre,                               
te dio un soldado en cada hombre                          
y un héroe en cada soldado.

Además del mérito del ejército liberal, cabe destacar el de los zacapoaxtlas, con sus gruesos y desconcertantes machetes, y la caballería conservadora  del general Miguel Negrete, quien primero declaró categóricamente: “Tengo patria antes que partido”.  

Fue así como, a las cinco y media de la tarde de aquel día, partió hacia Palacio Nacional el famoso telegrama que con austeridad liberal contagiaba la grandeza del hecho: “Las armas de la república se han cubierto de gloria”.

No era necesario más y de las consecuencias de aquel hecho dan cuenta los norteamericanos, pues evitó que el imperio de Napoleón ayudara a los sureños en la Guerra de Secesión de aquel país. Asimismo, la campaña que se había concebido como un barato juego de niños requirió de una inversión brutal para volver a la carga un año después. Puede decirse que ahí se gestó el fracaso, por incosteable, de la intervención Francesa.

Sin embargo, Ignacio Zaragoza, al día siguiente mandó otro telegrama en verdad triste. No había conseguido ayuda de la aristocracia poblana para perseguir y rematar a los invasores. “¡Qué bueno sería quemar a Puebla! [telegrafió en un arranque de ira, también a Palacio Nacional] parece que está de luto por los acontecimientos del día cinco”.

En efecto: la buena acogida que recibió de los pomadosos la oficialidad gabacha contrasta con los poblanos voluntarios que se alistaron para defender su territorio y el vacío a la solicitud de  ayuda del ejército mexicano. Pagaría caro aquella oligarquía tan españolista su falta de patriotismo, pues no haber rematado a los franceses facilitó sobremanera su regreso al año siguiente y el sitio que sufrió, así como su final derrota les resultó muchísimo más costoso. No digamos el daño que le causaron al país.

José M. Murià

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