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Luis Jorge Cárdenas Díaz
MAY 4 2017
Economía y fisco

Por Luis Jorge Cárdenas Díaz opinion@informador.com.mx

Tratado de Libre Comercio

El tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), (NAFTA) por sus siglas en inglés, es el acuerdo celebrado en 1994 entre Canadá, Estados Unidos y México para eliminar los aranceles a las importaciones y exportaciones y así, fomentar el libre comercio entre estos países, con un costo reducido para el intercambio de bienes entre los tres países. Las negociaciones para firmar el tratado se iniciaron desde 1988 con el presidente Miguel de la Madrid en que se acordó el GATT, por sus siglas en inglés, acuerdo general sobre impuestos a las importaciones y exportaciones.

En su origen se planteó un plazo de 15 años para la eliminación total de las barreras entre los tres países y destacó la eliminación de las restricciones de inversión entre los tres países. Posteriormente en acuerdos complementarios se acordaron medidas relativas a la protección de los trabajadores y el medio ambiente.

Los resultados de este tratado son controvertidos, desde los que opinan que benefició a la economía mexicana y ayudó a enfrentar la competencia con la Unión Europea y Japón, hasta los que argumentan que Canadá y México se convirtieron en colonia de Estados Unidos; que aumentó la pobreza en México pues solo benefició a las grandes corporaciones y agravó el desempleo en los Estados Unidos; hizo del U.S. dólar la única moneda en las transacciones comerciales entre los tres países y generó el miedo a la pérdida de la integridad nacional. La realidad es palpable, el crecimiento del Producto Interno Bruto no mostró avances representativos; en ciertos productos se generaron déficits que obstaculizan el ahorro de la mayor parte del bienestar de la población. Ciertos sectores afirman que el Tratado ha contribuido al desmantelamiento de la industria nacional y ha abierto las puertas a la inversión extranjera que es deshumanizada y agresiva y elimina la competencia a base de fusiones y adquisiciones, fomentando la globalización y la concentración en pocas manos de la riqueza y, deja fuera de la competencia a la incipiente industria nacional.

Por otra parte, no se puede negar el mejoramiento de la clase media al dar facilidades para adquirir su automóvil propio de los desechos de los EE.UU. también se ha beneficiado el sector agropecuario con la exportación de frutas y verduras, aunque por otra parte, nos ha convertido en productores deficitarios de granos básicos que tenemos que importar, generando un déficit. El uso de la tecnología nos deja en desventaja con las empresas de EE.UU., por el uso de tecnología de punta a la que no tenemos acceso; mientras que ellos reducen costos y mejoría en capital humano, en México estamos atrasados en capacitación y adiestramiento.

El presidente Donald Trump tiene la impresión de que el TLC ha sido más perjudicial que benéfico, aunque no todos los sectores opinan igual. En México sucede lo mismo, unos sectores opinan que nos ha beneficiado y otros que nos ha perjudicado, de lo que se infiere que sí es necesaria una revisión a fondo para dejar aquello que ha beneficiado a los tres países y quitar lo que ha perjudicado para hacerlo más equitativo y beneficioso, pero de ninguna manera desaparecerlo.

Luis Jorge Cárdenas Díaz

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